LA CONSTRUCCIÓN DEL CAPITAL SOCIAL
| Niños de Buenavista. ciénaga de Santa Marta. |
Actividades como dejar los hijos con una vecina, tener
crédito en la tienda del barrio o contar con conocidos que auxilien en
emergencias forman parte del capital
social que cada comunidad construye.
El capital social es el más afectado en los territorios
donde impera la ilegalidad y la desconfianza general, donde ninguno se fía del
vecino, donde la autoridad se viola o la ejercen grupos al margen de la ley,
donde el miedo impera y la inseguridad ronda.
¿Cómo es posible, desde la comunicación ciudadana,
contribuir al desarrollo del capital social en una comunidad afectada por la
inseguridad, la violencia y la ilegalidad?
Los medios comunitarios ejercen una gran influencia en el
pensamiento y en las acciones ciudadanas, marcan un derrotero a seguir y
contribuyen a generar opinión pública. Desde la emisora escolar hasta los
medios masivos, se forma o deforma la cultura y la identidad comunitaria.
- ORGULLO E IDENTIDAD
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| Jóvenes de La Julia, municipio de La Macarena, Meta. |
Los seres humanos necesitamos sentirnos orgullosos del
entorno que habitamos, de las costumbres que nos distinguen, de las tareas y
labores que realizamos.
Si las actividades de una comunidad, de carácter ilegal,
carecen de una sanción social y de voces que denuncien su ilegalidad e
inconveniencia o que propongan alternativas, es difícil para cada habitante
determinar hasta qué punto es “bueno o malo” tal o cual actividad si
personalmente siente que de ella deriva el sustento, la educación y formación
de sus hijos.
Solemos pensar que si lo que se hace es en nombre de la
sobrevivencia o en favor de los hijos o de los padres, no es malo. Y si vivimos
en una sociedad que no nos señala ni nos sanciona por hacerlo, sentimos que
–después de todo- las cosas están bien y que seguramente la “culpa” de lo que
hacemos reside en el Estado, en el país o en algo fuera de nosotros. Con este
pensamiento se generaron las bandas sicariales de ciudades como Medellín, donde
era común escuchar frases como “lo hago para darle casa a la viejita”. Y esas
malas acciones no fueron sancionadas porque su motivo era aparentemente bueno.
Y en su momento, ningún medio comunitario reveló o sancionó
su carácter ilegal. Tampoco lo hicieron los habitantes y vecinos de los
sicarios quienes pensaron que fueron las circunstancias, la pobreza o la falta
de mejores condiciones lo que llevaron a muchos jóvenes a convertirse en
sicarios, por amor a su mamá. Y por ese amor, disfrazado de orgullo familiar y
de querer “ser alguien” se generaron atrocidades.
El falso orgullo, ése que dicen tener quienes desde la
ilegalidad justifican las acciones y actividades ilícitas como su única salida
para “ser alguien” o “para sacar adelante a la familia” generó una sociedad con
valores trastocados, con economías perversas y con carencia de capital social.
El orgullo como una cualidad del que tiene dinero, fue el
primer valor desintegrado de muchos pueblos y barrios de ciudades colombianas.
La desconfianza se generalizó como una medida de seguridad personal, porque si
estoy realizando actividades ilegales no me puedo fiar de nadie, ninguno es
amigo. La inseguridad se paseó por muchas calles donde a las seis de la tarde
era mejor estar con la puerta bien cerrada. Y la incomunicación se convirtió en
el mejor aliado para seguir con vida.
Esta manera de vivir, tanto en territorios permeados por el
narcotráfico como por actores armados, cultivos ilícitos y grupos al margen de
la ley, generó la llamada “cultura de la violencia” opuesta a la cultura de la
legalidad, la identidad y los valores comunitarios.
El supuesto orgullo regional basado en actividades ilegales
fue bien recibido porque vino acompañado de dinero. Sin embargo, la violencia
que desató hizo pensar a muchos colombianos que “algo” no estaba bien, que en
esta nueva sociedad ilegal las cosas no eran mejores, así hubiese dinero.
Y es aquí donde la comunicación ciudadana juega su
contribución en ayudar a encontrar los valores comunitarios perdidos, en
aplaudir las acciones cívicas y sancionar las ilegales, en reencontrar la
identidad municipal y desarrollar nuevas actividades que generen orgullo en sus
habitantes.
No es fácil reconstruir una cultura, reencontrar la
identidad perdida, volver a creer en el Estado y a confiar en los vecinos. Y en
esa gran tarea los medios comunitarios pueden acompañar a través de actividades
lúdicas, concursos sobre valores municipales, oferta cultural y artística, etc.
Acciones tan simples como, por ejemplo, convocar a los
vecinos para arreglar el parque, para elegir el plato típico del municipio,
para escribir la historia de su barrio, para escoger el mejor cantante, para
premiar al mejor agricultor de la zona, contribuyen a restablecer el capital
social porque hacen posible que los vecinos se reúnan de nuevo en torno a actividades
de mutuo beneficio, se conozcan y se respeten.
Estas acciones, acompañadas de las casas de la cultura, los
colegios, las iglesias, la biblioteca y las asociaciones cívicas municipales
son fundamentales para ese “volver a creer” de todos en todos.
Y para que el orgullo y la identidad recuperen su valor real
en la comunidad.
- PREVENCIÓN Y CULTURA
| Comunidad de los palafitos en la ciénaga de Santa Marta. |
En los municipios afectados por la violencia y la
ilegalidad, los más jóvenes son los llamados a contribuir en el
restablecimiento comunitario. Ellos heredarán la tierra, se sentirán
identificados con su territorio y formarán su cultura y valores.
No así los mayores, muchos de ellos colonos recientes
llegados por el atractivo y la paga de cultivos y actividades ilegales, sin apego y sin historia en los territorios.
De ahí la importancia de involucrar a los niños y jóvenes en
actividades culturales, recreativas, de identidad y de cultura ciudadana a
través de medios como la cartelera, el periódico o la emisora escolar. Que sean
ellos los protagonistas de su propia historia, que contribuyan a esa cultura e
identidad regional que será la suya.
Actividades como la vacunación
contra la violencia en los colegios resulta muy atractiva para los menores.
Ellos mismos pueden elaborar el decálogo del vacunado con sus propias ideas
sobre la convivencia pacífica y realizar la toma de la vacuna entre sus
compañeros. Esta actividad genera una gran reflexión en torno a qué
consideramos violencia y cómo podemos actuar sin ser violentos. Desde la radio
escolar y las carteleras se anima al estudiantado para que opine y con el porte
de todos se construye luego el decálogo que se socializa y reparte en la
actividad.
Desde la radio
escolar y comunitaria se pueden realizar producciones “no aburridas” sobre
temas como violencia intrafamiliar, sexualidad, prevención del reclutamiento o
seguridad ciudadana. Los seriados y las radionovelas constituyen una excelente
herramienta para este propósito, con guiones y producción de los jóvenes, donde
sus reflexiones e historias serán escuchadas y seguidas luego por los mayores.
Una pequeña inversión en capacitación para elaboración de guiones y producción
radial con herramientas caseras como grabadoras, equipos de sonido o celulares,
resulta muy atractiva para los jóvenes quienes se comprometen y entusiasman
generando resultados sorprendentes y empoderándolos en su comunidad como
agentes de cambio.
En las manos más jóvenes está el presente de las comunidades
que desean cambiar su destino hacia una cultura de la legalidad, la
convivencia, la seguridad y la identidad regional. Los proyectos, públicos o
privados, dirigidos a comunidades vulnerables, deben volcar sus prioridades y
objetivos en ellos, confiar en sus capacidades y en su voluntad de generar
opciones de desarrollo en sus comunidades. Y en su gran capital social.
Las acciones de comunicación ciudadana son de bajo costo y alto
impacto. Apoyemos el entusiasmo y la creatividad juvenil para contribuir al
cambio cultural y a la generación de capital social.

Que agradable leer este tipo de entradas, el fiar, el cocinar juntos y el vivir como se vivió en muchas partes de Colombia antes de la marimba, la coca y porque no decirlo antes del antes... esta entrada me dejo la sensación de que pronto se seguirá hablando de promocionar la ciudadanía, me hizo falta un par de ejemplos puntuales uno de ciudad y otro del campo, espero más textos de ciudadanía.
ResponderEliminarAsí será!
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