TERCER PASO: EL MUTUO RESPETO
“El respeto es
siempre
el respeto a la diferencia”
Estanislao Zuleta.
Encuentro con la comunidad de El Bagre.
Avanzamos
en escuchar a las comunidades y en su reconocimiento (el nuestro, el de ellas y
el del Estado) para enfocarnos ahora en el respeto.
Prefiero
siempre reemplazar la palabra “tolerar” por respetar. Pues la tolerancia
condiciona lo tolerable a mis niveles de conocimiento, juicios, prejuicios,
valores e imaginarios personales, mientras que el respeto dignifica a quien se
lo concedo sin alterar mi universo personal.
En
el caso de la comunicación como herramienta de encuentro con los ciudadanos, de
difusión y empoderamiento a través de los medios comunicativos, el respeto
siempre será una condición básica. Claro, estarán pensando, eso es obvio.
Ni
tanto.
Consideramos
que respetar es “dejar hablar” al otro
mientras que nuestra mente se ocupa de pensar en la respuesta, en negar
lo que escucha o en anticipar el término de la comunicación. Respetamos a la
defensiva.
Todo comunica
Al
establecer un diálogo mediático o personal con una comunidad, audiencia o grupo
humano, todo lo que soy “dice algo” sobre mi, sobre el mensaje, sobre lo que
pienso acerca del otro. Veamos:
- Visiones
compartidas: Si bien es cierto que la entidad, empresa o proyecto para
el que trabajamos y desde el cual nos comunicamos con las comunidades
(habitantes, participantes, audiencia) cuenta con valores, misión, visión
y objetivos definidos que enmarcan nuestro quehacer; también es cierto que
las comunidades cuentan con su propia historia, forma de pensar,
imaginarios (reales o no) acerca de nuestra entidad y de lo que somos. Y
casi nunca coinciden. Respetar estas visiones y reflexionar sobre ellas
considerando los imaginarios y muros comunicativos que los posibilitaron,
es parte del respeto. No se trata de “convencer” al otro con mi mensaje,
sino de seducirlo y llevarlo a comprender lo que digo mientras que nosotros comprendemos lo
que las comunidades nos manifiestan. No
existe imaginario falso que no pueda romperse con una comunicación
respetuosa del otro y seductora en su mensaje.
- ¿Beneficiarios?:
Llegamos a las comunidades, de la mano de las entidades, con el prejuicio
de encontrar “beneficiarios” de nuestro propósito, es decir, con la imagen
de ser salvadores, de embajadores de buena voluntad, de algo sublime.
¡Gran equivocación! Es irrespetuoso considerar a otra persona como
“beneficiaria” de bienes o servicios cuando lo que deseamos es contar con
su disposición a participar de algo.
- Tratarles como ”beneficiarios” los ubica en una
condición inferior a la nuestra y termina con la comunicación real entre
iguales. Especialmente en programas o proyectos del Estado, pues todos los
habitantes somos parte de ese Estado con derechos y deberes, ninguno se
beneficia del otro, a lo sumo participa en algo que es su derecho
constitucional.
- Mirarnos a los ojos: significa reconocer al otro como igual. Parece fácil ¿verdad? Sin embargo, cuando un grupo de comunicadores, directivos, gobernantes, políticos o funcionarios públicos y privados llegan a una comunidad X para hablar o hacer entrega de una obra, de un regalo, de un proyecto, etc. lo primero que podemos observar son sus distintivos que los hacen “diferentes” de la misma comunidad: camiseta con logo institucional, gorras, chalecos, manillas.
- Parece algo inocente, “es para identificarnos” dicen de manera ingenua, pero no hay tal. Los símbolos manifiestan una diferencia, un querer no ser igual a la comunidad. Mi consejo: llegar como uno más, perderse entre la comunidad, ser con ellos para lograr una efectiva comunicación sin mediación de lo institucional, de lo que “representamos” pues no somos parte de una obra teatral sino de una comunicación real.
- Ni
mendigos ni salvadores: Las comunidades humanas jamás rechazarán un
regalo, sea o no necesario para ellas. Nosotros, que conocemos el accionar
de la comunicación de doble vía, sabemos bien que regalar es más que un
acto de buena fe: es una entrada con “paquete debajo del brazo” que
condiciona la comunicación. Es, simplemente, un irrespeto al otro.
- ¿Por
qué? Porque condiciona su mensaje, su respuesta y su atención en función
del regalo recibido. Ya no soy otro más sino “el que regala cosas”, el
“funcionario amable”, el “empresario bueno”. Es penoso y doloroso observar
a la multitud pelearse por una camiseta y luego, en la foto institucional,
sonreír con el logo de la entidad (pública o privada) como si fueran
vallas publicitarias de la misma, ¡Qué irrespeto! Las comunidades no son
mendigos de nuestro merchandising
institucional, ni nuestra apreciada entidad es su salvadora. Así se pierde
la comunicación respetuosa de iguales y se pasa a la comunicación menesterosa
entre unos que piden y otros que regalan.
- Identidad y valores: Todo grupo humano cuenta con costumbres, celebraciones y rituales propios que significan y reproducen sus valores como sociedad. Desconocerlos o desprestigiarlos por ser, por ejemplo, inadecuados, inmorales o ilegales, es irrespetar. La propuesta es, una vez ganada la confianza de las comunidades, ofrecer espacios abiertos como foros, donde se debatan aspectos culturales, valores, creencias e imaginarios comunitarios. Escucharlos y hacer que entre todos se escuchen y se redefinan, se proyecten y sueñen con una realidad común.
- Cambiar una cultura es muy difícil y las comunidades lo realizan paso a paso, de manera lenta, de acuerdo a sus propias necesidades y realidades. Mis mensajes comunicativos no pueden afectar el proceso pero sí ofrecer alternativas respetuosas con la comunidad. Va un ejemplo: una comunidad X considera que fumar es bueno y lo hacen en sus ceremonias y rituales; alterar su espacio con vallas y publicidad acerca de los males del cigarrillo y de oprobiosas imágenes de enfermedades, solamente nos generaría desprecio. Es mejor debatirlo con la comunidad y que sean los habitantes quienes propongan los mensajes, la manera de difundirlo y el cambio si lo desean.
- Hablar con
el deseo: La mejor de las intenciones asiste siempre a los peores
mensajes. Deseamos llegar y que sean parte de nuestro sueño institucional,
que piensen así o asá, que vibren con lo que decimos. A este genuino deseo
se le atraviesa un derecho inalienable: el derecho a decidir si participo
o no, si hago esto o aquello y sin que esa decisión acarree “castigos”
posteriores. La comunicación basada en “premio o castigo” no es compatible
con el respeto. Y respetar es, sobre todo, respetar lo diferente a lo mío,
lo que no es como lo que comunico.
- ¿Entonces? Respetar las decisiones de la
comunidad y de cada uno de sus miembros, resaltar sus derechos y también
sus responsabilidades ya que toda decisión trae consecuencias. Y hacerlo
limpiamente, sin amenazas solapadas, sin resentimiento. Y continuar
comunicándonos. Porque la comunicación ciudadana precisa de perseverancia
en el mensaje, de acuerdos y construcciones comunitarias, de pequeños
logros y pasos juntos, de igual a igual.
Finalmente, es desde el respeto al otro y a lo que significa como ser
humano y comunitario, que puedo comenzar a comunicarme. De manera limpia y
directa, sin concesiones ni castigos, como ciudadanos.

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