martes, 22 de abril de 2014

DE ESTOCOLMO A VISTAHERMOSA




El maestro Pablo Emilio Nieves con el arpa que utiliza en sus clases en la casa de la cultura de Vista Hermosa (Meta)



En estos días en los que recordamos hechos, vivencias y anécdotas de nuestro Nobel de literatura fallecido, encontré esta entrevista realizada en Vista Hermosa (Meta) al maestro Pablo Emilio Nieves, uno de los músicos que acompañó a Gabriel García Márquez a Estocolmo en noviembre de 1982, a recibir su galardón.

Vereda Los Alpes, lectores de Territorios

La entrevista fue realizada en enero de 2011, en la casa de la cultura del municipio de Vista Hermosa y publicada en TERRITORIOS número 10, nuestro querido periódico de los municipios del Plan de Consolidación Integral de La Macarena-PCIM.







Pablo Emilio Nieves:
DE ESTOCOLMO A VISTA HERMOSA

Era noviembre de 1982, Colombia feliz porque Gabriel García Márquez recibía el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. Una amplia delegación de artistas acompañó al escritor en su viaje, entre ellos el maestro Pablo Emilio Nieves, profesor de música de la Casa de la Cultura de Vista Hermosa desde hace tres años. Sobre su trasegar, el maestro Nieves, nacido hace 62 años en Puerto Rondón, Arauca, nos cuenta su historia:

“Yo era músico desde niño, lo aprendí en Apure, Venezuela, luego vine a Colombia buscando hacer una carrera, llegué a Bogotá en 1972 con un grupo de música llanera que era una verdadera novedad. Luego conformé un grupo llamado Cimarrones del Llano y nos fuimos de serenateros en Bogotá, en una de tantas nos encontramos con el director de Colcultura, Jacinto Jaramillo, le impactó mucho lo que hicimos, nos llamó a su oficina y nos ofreció trabajar con Colcultura dándonos vivienda y alimentación en el Seminario San Buenaventura, mientras trabajábamos en los teatros de la entidad, así hicimos el convenio por diez meses” recuerda el maestro Nieves.

Llega la invitación

“Estando en eso, fue cuando le llegó a Jacinto la invitación, como director de Colcultura, para que se vinculara con unos grupos musicales  que acompañaran al Nobel de Literatura en Suecia, entonces nos llamó, nos preguntó cómo estábamos de documentación, nos dijo que había una gira que era un compromiso con la Nación, que eran unas presentaciones normales y nosotros, sin conocimiento de nada dijimos “como usted diga” y listo”.

Y así, desconociendo la importancia de la gira y sin saber siquiera dónde quedaba Estocolmo, el maestro Nieves y los doce integrantes del grupo se embarcaron para Suecia.
“Reunimos los documentos necesarios, hicimos las vueltas y se los entregamos. Como a los dos meses, durante los cuales trabajábamos en el Gaitán y en el Faenza con Sonia Osorio la del ballet y compartíamos entre los grupos, volvió Jacinto a contactarnos.

Ya era como septiembre, nos llamó a reunión y nos dijo que había salido lo de la gira, que iba a llevar las danzas de Cartagena, Silva y Villalba, Jorge Oñate, una cantidad de músicos y bailarines”.

Nos provocaba devolvernos

“Nosotros confiados porque íbamos con muchos colombianos y arrancamos en ese avión, eso fueron como unas veinticinco  horas, uno siempre duerme en esos aviones, las azafatas informan los pies de altura y por dónde íbamos pasando y nosotros nos decíamos: ¡uy, nosotros por aquí! Que por París, que en Madrid, que en tal otra, nos daban tintico hasta que de repente llegamos y provocaba devolvernos: ¡qué frío! No íbamos preparados, las chaquetas que llevábamos no servían de nada, eso es con estaciones, le gente de allá nos decía que eso era muy bonito, que había mucho que mirar pero en primavera o en otoño, no en invierno porque no se ve nada, ¡todo es oscuro!”

El maestro y los doce músicos del grupo se pasaban los días en las habitaciones del hotel, comiendo y durmiendo. “Uno que va a mirar allá, cuando salíamos a las presentaciones las llantas del carro sonaban como moliendo vidrio y era el hielo. A García Márquez lo conocíamos desde Bogotá y no fue difícil saludarlo cuando lo encontrábamos, pero él tenía muchos compromisos por allá aparte”

Regresamos sin equipaje

“Novedades no hubieron, eso era todo normal. Lo único que hicimos fue que cuando nos íbamos a devolver, vendimos todo lo que llevábamos (se ríe) eso salimos de liqui-liquis, sombreros, cotizas, todos los atuendos llaneros porque la gente se enamoró de eso, hubiéramos llevado más lo habríamos vendido, entonces llegamos con platica porque algunos vendieron hasta los instrumentos. Para nosotros fue un paseo, no conocíamos la equivalencia que eso podría tener más tarde y solamente lo gozamos”.

Trabajo en el Llano

“Con el certificado que nos dio Jacinto Jaramillo, de haber trabajado con él y con el ballet de Sonia Osorio, entré a laborar como profesor de música con la Extensión Cultural de Villavicencio y me enviaron a Castilla La Nueva, casi que no acepto porque yo venía crecido y me quería quedar en la ciudad, pero allá me fui”.

El maestro Nieves lleva tres años en Vista Hermosa como profesor, antes estuvo en San José del Guaviare, Puerto Lleras, Fuente de Oro, Granada, La Macarena y Acacías, entre otros.

“Me siento orgullosísimo y fachoso, yo me vuelvo fachoso a ratos porque el año pasado me dieron un galardón en Villavicencio, en el teatro Germán Arciniegas,  fue un gran reconocimiento donde  dijeron que yo era un combatiente de la música y el mejor maestro, y yo también me aplaudí, porque ser maestro es lo mejor que he hecho”

AMP.
 
En la vereda La Libertad, de Vista Hermosa, también leyeron y comentaron esta crónica.

martes, 15 de abril de 2014

COMUNICACIÓN CIUDADANA VII


LÚDICA PARA LA PAZ


Cine al parque en La Macarena (Meta) como actividad de catarsis comunitaria.

La comunicación juega un papel preponderante en la construcción de escenarios de postconflicto para la paz que soñamos.

Más allá de lo que se pacte en La Habana, de lo que discuta en el Congreso y de lo que se haga en las alcaldías regionales, es necesario contar con herramientas comunicativas y lúdicas para comenzar la tarea de reconstrucción y conciliación de los colombianos, consigo mismos y con los demás.

Se habla de una “Cátedra para la Paz” y se dice que sería parte del pensum escolar. Sin entrar a polemizar o cuestionar a quienes así desean contribuir con el proceso, propongo que no sea una cátedra sino una lúdica para la paz que se trabaje de abajo hacia arriba y de manera incluyente en los más de 300 municipios colombianos donde sobreviven las víctimas y los victimarios del conflicto armado, el narcotráfico, las bacrim y la violencia en general.

El primer paso, como ampliamente se ha explicado en otras entradas de este blog de Comunicación Ciudadana, es que hable la gente:

1. Catarsis
Los ejercicios de catarsis colectiva pueden asumirse desde la organización de conversatorios en casas de la cultura, en salas de juntas de acción comunal o bien  en foros más amplios como los consejos comunitarios.

Para que una actividad de catarsis cumpla con sus objetivos y no se salga de las manos de sus organizadores, es necesario tener muy presente el objetivo de la misma: escuchar y ser escuchados, de manera respetuosa y con el tiempo suficiente para que cada uno de los participantes exponga, diga, reclame o señale, con la dirección de quien haga las veces de moderador y que sea una persona que cuente con el respeto de los asistentes.

Reconciliación Colombia inició desde hace algunos meses una serie de foros regionales donde víctimas y victimarios contaron su historia, expusieron su dolor pero también su capacidad de resiliencia, su lucha y sus logros por sobrevivir a pesar de las heridas y los destrozos de la violencia (www.reconciliacioncolombia.org) siendo estas actividades ampliamente participativas y con buenos resultados.

Asamblea comunitaria en Uribe (Meta) con participación.

De manera similar, debe organizarse en cada municipio, vereda o centro poblado donde la comunidad se encuentre en situación vulnerable y con pocas salidas frente a la violencia. Y hacerlo de manera incluyente, en el entendido de que por “comunidad” hablamos del gobierno local, las instituciones, las asociaciones, las iglesias, los grupos comunitarios, las empresas publicas y privadas, los negocios, los estudiantes y docentes, los trabajadores, las amas de casa, los niños y adolescentes, en fin, que sea convocante para todos. Y el primer paso es contar con un  comité para la actividad en cada comunidad, donde los diferentes grupos se encuentren representados y en donde se aprueben las actividades a realizarse, el modo de hacerlas y el nivel de compromiso de cada uno con la misma.

Como no es fácil sentarse y comenzar a decir delante de todos lo que nos duele, lo que nos hiere, es preciso contar con elementos lúdicos que faciliten el proceso como, por ejemplo, el ejercicio inicial de escribir en papelitos lo que “nos hace felices” de estar vivos, de seguir en esa comunidad, de creer en la vida.

Si cada participante escribe un máximo de tres papelitos acerca de lo que lo hace feliz y luego se comparte en grupos de cinco y después se realiza una plenaria donde entre todos se identifiquen elementos de felicidad en la comunidad, es posible lograr la familiaridad y el clima de camaradería necesarios para iniciar el proceso de catarsis.

Y este proceso consiste en contar al auditorio la pequeña o gran tragedia personal, o bien como un  hecho de orden público afectó la vida de todos o como la violencia dañó la unidad familiar, etc. El contar a los demás es un acto de valor que debe ser voluntario, personal y libre de presiones.

El moderador tiene un gran reto en todo el proceso: debe ofrecer la palabra, advertir acerca del tiempo máximo de exposición y sobre todo al inicio es indispensable que ofrezca las pautas para que las historias que serán escuchadas no agredan a ninguno de los oyentes o inciten a la violencia, sino que sean contadas como parte de la verdad colectiva y con el propósito de que no se vuelvan a repetir.

Al final, puede utilizarse de  nuevo la lúdica para, por ejemplo, escribir en papelitos el título de cada historia escuchada y dejarlos en un recipiente al que se echará azúcar y fuego, como símbolos de purificación comunitaria.

Existen muchas maneras diferentes, más divertidas y efectivas de hacerlo, inclusive en las comunidades habrá ideas ingeniosas y creativas para realizar su catarsis y por eso es bueno consultar SIEMPRE con las comunidades el proceso a seguir y que sea de su gusto para obtener el entusiasmo colectivo y el compromiso en la actividad.

La audiencia debe ser incluyente, que en ella se perciban las autoridades locales, los diferentes grupos, asociaciones y entidades que influyen en la vida comunitaria. Pues la catarsis es colectiva, de una colectividad que desea pasar la página de dolor y violencia para comenzar su camino hacia la reconciliación.

¿Y cómo hacer estas catarsis colectivas? Con el apoyo del estado y de las empresas privadas, por supuesto.

Por eso propongo que los recursos a utilizarse en una cátedra para la paz, de hecho costosa por la nómina exagerada de docentes sin garantía de ser expertos en dicha cátedra, sean invertidos directamente en las comunidades, trabajados con ellos y sus instituciones (escuelas, casas de la cultura, centros comunitarios, juntas, etc.) con el acompañamiento de comunicadores ciudadanos que ejerzan como facilitadores de los deseos y requerimientos de las comunidades en su proceso de catarsis.

Así nos aseguramos, entre otras cosas, que dichos recursos no irán al bolsillo de docentes no calificados con aulas aburridas y poco motivadas y con alumnos que cumplen la cátedra como una obligación escolar más y no como parte de su proceso de resiliencia y reconciliación.

2. Memoria, conciliación y perdón

Niños de La Macarena en labores de cultura ciudadana.

De manera similar, una vez cumplido el primer paso de la catarsis y el reconocimiento público de la tragedia, será interesante trabajar en el logro de principios básicos para la vida en comunidad en el denominado postconflicto, donde víctimas y victimarios puedan seguir existiendo en la misma comunidad sin sufrir señalamientos, exclusiones o nueva violencia.

¿Cómo lograrlo? Como en el paso anterior, el proceso es comunitario, con todos. Y puede tener diferentes expresiones lúdicas, artísticas o comunicativas, veamos algunas:

Muros de la memoria: en muchos lugares se han trabajado estos muros como parte del proceso de postconflicto. Regularmente se cuenta con u, comité de habitantes que selecciona una pared (puede ser en una escuela o casa dela cultura) la pinta, lo administra y define qué fechas y sucesos, dolorosos o felices, marcaron la vida del lugar y deben ir en el muro. Además se encarga de su mantenimiento y actualización.

Conciliación: aparte de los procesos jurídicos y judiciales que se llevan a cabo en muchos municipios dentro del programa de víctimas y restitución de tierras, existen otras circunstancias cotidianas que merecen un tratamiento de conciliación.

Problemas entre vecinos, falta de confianza entre unos y otros, matoneo en los colegios, violencia intrafamiliar, etc. Estos problemas cotidianos entorpecen el curso normal de la convivencia y pueden ser tratados mediante la conciliación comunitaria con un grupo de personas que se comprometan a: escuchar a las partes sin tomar partido, sugerir alternativas, fomentar la solución en favor del bienestar comunitario y ser garantes de compromisos entre unos y otros.

Para que un comité de conciliación funcione, es necesario que quienes lo integren sean personas que cuenten con el respeto y la confianza de los demás y que sus opiniones sean escuchadas por todos. Regularmente algunos docentes, curas y personas adultas mayores cuentan con estas condiciones.

Una vez seleccionado, la primera actividad de dicho comité será la de poner en discusión unas normas básicas para la convivencia pacífica en la comunidad, que sean discutidas, votadas y aprobadas por todos.

Niños de San Juan de Arama (Meta) en jornada de siembra.

Jornadas de perdón: existen innumerables ejemplos, algunos muy creativos y acertados, acerca de jornadas o ejercicios de perdón en comunidades.

Desde realizar una misa en el campo santo donde todos se perdonen y se den la mano en señal de dolor pero también de aceptación, hasta la de organizar jornadas nocturnas donde se cante, se escuche música y se expongan compromisos para perdonarse y ser perdonados masivamente.

Una alternativa es la de utilizar el cine al parque como parte del perdón, proyectando películas acerca de procesos similares en otras comunidades, alternativas vividas por otros y soluciones encontradas. Al final, en un cine foro participativo encontrar con ellos las claves para el perdón y la convivencia.

3. Cultura ciudadana

Asamblea en Vistahermosa (Meta) para rendir cuentas.

Todos los puntos anteriores forman parte de la cultura ciudadana. Lo dejé al final para resaltar que no se trata de una actividad mediática u ocasional sino de una manera permanente de relacionarnos, aprender y construir entre todos una realidad más amable.

En la cultura ciudadana no preocupa el índice de desarrollo sino el de felicidad, no es importante el número de bienes adquiridos sino la calidad de vida vivida.

Convertirnos en ciudadanos es un propósito de todos, pero también un logro de algunas comunidades donde la sanción personal y social frente a la ilegalidad y la violencia es alta; donde la contribución personal en la armonía cotidiana ya sea bajando el volumen del radio, no ingiriendo alcohol en exceso o no provocando riñas es definitiva.

La cultura ciudadana comienza en casa, se replica socialmente en lugares comunes y se aplica a través de las instituciones legales. (Ley, moral y cultura)

Reconocer la autoridad, obedecer las leyes y tener una conducta decente frente a los demás, no son aprendizajes pasajeros, es necesario insistir con campañas lúdicas y recreativas, con recordatorios diarios, con ejemplos vivos.

La comunicación ciudadana ofrece muchas formas de lograr que estas campañas y recordatorios diarios lleguen a todos: a través de las carteleras de las escuelas,  las alcaldías o las casas de la cultura; que sean dichas, aceptadas y aplicadas públicamente por los líderes comunales y las autoridades locales; que los padres de familia cuenten con la sanción adecuada para enseñar antes que castigar, en fin, son muchas, muy ingeniosas y muy baratas las maneras en las que podemos lograr que la cultura ciudadana forme parte de la vida de todos.

Y que sea el índice de bienestar comunitario el que nos preocupe.


La radio escolar y comunitaria es un gran  agente de cambio. En la foto: docentes de radio del Meta, programa Onda Macarena.