viernes, 12 de julio de 2013

COMUNICACIÓN CIUDADANA (3)


MEDIOS Y MODERACIÓN DE EXPECTATIVAS

Reunión de la junta administradora de la emisora comunitaria  Camaxagua Stereo de San Juan de Arama (Meta)

Cuando hablamos de medios comunitarios, estamos diciendo que las comunidades humanas y de manera especial las rurales y/o vulnerables, deben contar con medios de comunicación propios desde los cuales puedan ejercer su derecho fundamental a la comunicación.

Esto significa que nuestras buenas intenciones de colaborar con una comunidad para que obtenga dichos medios, deben pasar por una autocrítica fundamental: no puedo gestionar, crear, crecer o desarrollar medios solamente para que mi entidad (pública o privada) cuente con audiencia en las comunidades, para que el mensaje institucional o estatal llegue a ellas.

Eso sería promocionar o publicitar bienes y servicios dentro de la comunidad.

Los medios comunitarios, los que son de la ciudadanía, lo deben ser en verdad. Por eso es necesario contribuir para que las llamadas “emisoras comunitarias” sean de asociaciones comunitarias, cuenten con juntas directivas incluyentes y su parrilla de programación sea definida por los habitantes, no impuesta por la entidad que colaboró en su gestión o regaló los equipos radiales.

Ahora, si  es así, ¿Cómo hacer que el mensaje institucional o estatal llegue a las comunidades?

Fácil. Serán los habitantes que participen en el medio comunitario quienes hagan su eco, a favor o en contra, con receptividad o críticas. No podemos definir la manera como una comunidad entenderá nuestro mensaje, no podemos “programarlos” para que hablen bien de nuestra entidad. Pero si podemos transmitirles con claridad el mensaje y con hechos sus resultados. Sin manipulaciones.

Tanto las emisoras comunitarias, como los boletines escolares, las carteleras públicas, los volantes, periódicos, altavoces, parlantes y todos los medios de comunicación que la misma comunidad elabora y donde se manifiesta sobre sus intereses, problemas y necesidades, constituyen una valiosa herramienta para moderar las expectativas comunitarias en torno a proyectos, actividades, obras y desarrollos tanto públicos como privados o de organismos internacionales.

Sin pajaritos en el aire

Cuando formamos parte de una iniciativa, proyecto, obra o emprendimiento (público, privado o internacional) que traerá beneficios y desarrollo en una comunidad necesitada, es normal que sintamos la emoción de la actividad que vamos a realizar ya que creemos firmemente en sus nobles objetivos, en la contribución para el mejoramiento de las condiciones de vida y en los buenos resultados que obtendremos.

Este mismo entusiasmo, transmitido a las comunidades en nuestras primeras charlas de socialización de nuestras ideas y proyectos, puede llevarnos a un sobredimensionamiento del proyecto mismo frente a sus participantes y por consiguiente a un resultado nefasto: que se desborden las expectativas de las personas.

Y si permitimos o ignoramos los pajaritos en el aire y los cantos de sirena que hemos propiciado en un conglomerado humano, lo más cierto es que nuestros resultados no van a corresponderse con sus sueños y expectativas. Y, en lugar de obtener el reconocimiento comunitario, lograremos desencadenar su desencanto. Así nuestras intenciones sean buenas y legítimas y nuestros proyectos igual.

¿Qué hacer?

Es aquí donde los medios comunitarios, existentes o no, nos darán la mano para que los habitantes aprendan a esperar menos y a contribuir más.


Todo comunica

Pongamos por caso una comunidad muy alejada de cascos urbanos y centros productivos, donde no hay electricidad, ni existen emisoras de ninguna clase, periódicos o internet.

La primera tarea es de observación y escucha de sus habitantes, determinar cuál es la manera como se comunican y se enteran de las novedades, a través de cuál medio y quién o quienes lo manejan.

Así podremos descubrir, siguiendo el ejemplo, que un volante que el cura reparte en misa es un medio importante, que una cartelera de la escuela es otro, que el salón comunal tiene una pared donde se pegan anuncios, que en la droguería hay un parlante donde se pasan los mensajes, etc. Esos serán nuestros medios comunitarios.

Además de los líderes naturales. Aquellas personas que la comunidad identifica como fiables y a quienes les cree. Puede ser el tendero, el cura, una señora, el maestro de la escuela. Estas personas son voceras naturales de la comunidad, cuentan con su respeto y aprecio y es a ellas a quienes debemos comunicar –en primera instancia- todo acerca de la labor a realizar.

Puede ser una charla inicial con los líderes naturales, con explicaciones amplias y con respuesta a todas sus inquietudes, cerciorándonos de que comprendieron lo que hemos dicho. Así comenzaremos a moderar expectativas comunitarias con un medio antiguo y eficiente: el voz a voz.

Por supuesto, mi actitud al hablar con los líderes, la manera como expongo ante ellos, como me entrego y escucho, como digo y aprendo, como reconozco y respeto, como interactúo, y mi genuino interés por la comunidad, también les dirán acerca del proyecto. La lectura que hagan de nosotros, como funcionarios, es su primera lectura sobre lo que pueden esperar o no de nuestra entidad.  Y esa primera impresión quedará grabada fuertemente en el imaginario comunitario. De nosotros depende que sea la mejor.


Creando medios y lenguajes

Ya estamos de frente con la comunidad y al inicio del proyecto. Necesitamos transmitir, comunicar, que todos se enteren acerca del mismo y que lo hagan de manera real, sin aumentar o disminuir los beneficios y los riesgos.

Es entonces cuando debo pensar en las instituciones comunitarias como vehículos de comunicación y de congregación en torno a los intereses estatales o particulares de mi entidad.

La alcaldía municipal: se puede realizar una charla informal con los concejales, responder a sus inquietudes con honestidad, limitando los alcances reales del proyecto y haciéndolos parte 
Casa de la Cultura de Vistahermosa (Meta)

del mismo como veedores ciudadanos. Importante: dejarles una hojita resumen, con lenguaje sencillo. No olvidar las cifras ¡les encantan!
El alcalde debe ser nuestro socio y validador principal, la primera persona a quien le expliquemos los alcances de lo que se va a realizar y cómo la comunidad puede participar y beneficiarse. Y, por supuesto, el beneficio que la autoridad local recibe como cogestor de dicho emprendimiento.

La casa de la cultura: podemos pedir permiso para utilizar la cartelera común y dejar volantes del proyecto para que sean entregados a los asistentes de su programación cultural.
También podemos ofrecer un taller para la elaboración de un mural comunitario, donde los asistentes aprendan algunas técnicas básicas de color, utilización de materiales e ideas sobre cómo realizarlos y comunicar a través de ellos.
Si el proyecto y su presupuesto lo permiten, un taller sobre producción fotográfica para jóvenes donde al final donemos un equipo fotográfico a la casa de la cultura y se conforme un comité de fotografía juvenil, es una actividad comunicativa interesante.

La escuela: definir, con el rector y docentes, si es posible realizar talleres de comunicaciones con los alumnos. Podemos proponer y realizar talleres sobre como hacer programas de radio escolar en los recreos utilizando parlantes, como elaborar un boletín escolar o una cartelera noticiosa. Es muy importante vincular a los jóvenes, que sientan que se les tiene en cuenta y que además aprendan a utilizar algunas herramientas comunicativas.
Sugiero un taller inicial, para romper el hielo, donde la participación de los estudiantes sea voluntaria (con cupo limitado) y en el cual se trabajen sus expectativas y sueños personales, que serán insumo para construir el mapa social de la comunidad.
Es muy importante vincular a los jóvenes en la veeduría ciudadana de lo que se realice en su comunidad, que sean parte fundamental y que los adultos los escuchen y respeten.

La iglesia: o iglesias, de las comunidades que existan. Recordemos el papel fundamental de la iglesia católica en la educación de las comunidades rurales y alejadas de  nuestro país. En muchas de ellas, aún hoy, el cura es la persona con mayor credibilidad y respeto, quien intercede en favor de los ciudadanos. Su papel, para que la comunidad comprenda la labor a realizar, será fundamental.
En los comités que se creen, deben existir representantes de las iglesias.

En todos los ejemplos, el papel de la comunidad es fundamental. Es ella quien se capacita, quien escucha, quien pregunta, quien divulga y comunica. Porque solamente cuando un grupo humano se interesa, se compromete y comprende el alcance de algo, es cuando realmente se decide a participar.

La comunidad: debemos explorar y reconocer otros medios comunitarios como, por ejemplo, altavoces o parlantes donde se anuncian mensajes de interés. Saber quienes los manejan y como podemos servirnos de ellos a través de la comunidad, creando un grupo juvenil que realice y difunda los mensajes, por ejemplo.
El restaurante, la tienda, todos los negocios y asociaciones productivas cuentas con medios para comunicarse. Nuestra misión es detectarlos y pedirles que sumen, no sólo a la difusión del proyecto, sino como miembros activos del mismo.

Y sin participación y compromiso de la comunidad, cualquier obra, proyecto o actividad carecerá de validez. Será, en poco tiempo, un  elefante blanco.

Activemos la participación ciudadana y los medios disponibles. ¡Qué hable la gente!

 AMP.

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