MEDIOS Y MODERACIÓN DE EXPECTATIVAS
Reunión de la junta administradora de la emisora comunitaria Camaxagua Stereo de San Juan de Arama (Meta)
Cuando
hablamos de medios comunitarios, estamos diciendo que las comunidades humanas y
de manera especial las rurales y/o vulnerables, deben contar con medios de
comunicación propios desde los cuales puedan ejercer su derecho fundamental a la comunicación.
Esto
significa que nuestras buenas intenciones de colaborar con una comunidad para
que obtenga dichos medios, deben pasar por una autocrítica fundamental: no
puedo gestionar, crear, crecer o desarrollar medios solamente para que mi
entidad (pública o privada) cuente con audiencia en las comunidades, para que
el mensaje institucional o estatal llegue a ellas.
Eso
sería promocionar o publicitar bienes y servicios dentro de la comunidad.
Los
medios comunitarios, los que son de la ciudadanía, lo deben ser en verdad. Por
eso es necesario contribuir para que las llamadas “emisoras comunitarias” sean
de asociaciones comunitarias, cuenten con juntas directivas incluyentes y su
parrilla de programación sea definida por los habitantes, no impuesta por la
entidad que colaboró en su gestión o regaló los equipos radiales.
Ahora,
si es así, ¿Cómo hacer que el mensaje
institucional o estatal llegue a las comunidades?
Fácil.
Serán los habitantes que participen en el medio comunitario quienes hagan su
eco, a favor o en contra, con receptividad o críticas. No podemos definir la
manera como una comunidad entenderá nuestro mensaje, no podemos “programarlos”
para que hablen bien de nuestra entidad. Pero si podemos transmitirles con
claridad el mensaje y con hechos sus resultados. Sin manipulaciones.
Tanto
las emisoras comunitarias, como los boletines escolares, las carteleras
públicas, los volantes, periódicos, altavoces, parlantes y todos los medios de
comunicación que la misma comunidad elabora y donde se manifiesta sobre sus
intereses, problemas y necesidades, constituyen una valiosa herramienta para
moderar las expectativas comunitarias en torno a proyectos, actividades, obras
y desarrollos tanto públicos como privados o de organismos internacionales.
Sin
pajaritos en el aire
Cuando
formamos parte de una iniciativa, proyecto, obra o emprendimiento (público, privado
o internacional) que traerá beneficios y desarrollo en una comunidad
necesitada, es normal que sintamos la emoción de la actividad que vamos a
realizar ya que creemos firmemente en sus nobles objetivos, en la contribución
para el mejoramiento de las condiciones de vida y en los buenos resultados que
obtendremos.
Este
mismo entusiasmo, transmitido a las comunidades en nuestras primeras charlas de
socialización de nuestras ideas y proyectos, puede llevarnos a un
sobredimensionamiento del proyecto mismo frente a sus participantes y por
consiguiente a un resultado nefasto: que se desborden las expectativas de las
personas.
Y si
permitimos o ignoramos los pajaritos en
el aire y los cantos de sirena
que hemos propiciado en un conglomerado humano, lo más cierto es que nuestros
resultados no van a corresponderse con sus sueños y expectativas. Y, en lugar
de obtener el reconocimiento comunitario, lograremos desencadenar su
desencanto. Así nuestras intenciones sean buenas y legítimas y nuestros
proyectos igual.
¿Qué
hacer?
Es
aquí donde los medios comunitarios, existentes o no, nos darán la mano para que
los habitantes aprendan a esperar menos y a contribuir más.
Todo
comunica
Pongamos
por caso una comunidad muy alejada de cascos urbanos y centros productivos,
donde no hay electricidad, ni existen emisoras de ninguna clase, periódicos o
internet.
La primera
tarea es de observación y escucha de sus habitantes, determinar cuál es la
manera como se comunican y se enteran de las novedades, a través de cuál medio
y quién o quienes lo manejan.
Así
podremos descubrir, siguiendo el ejemplo, que un volante que el cura reparte en
misa es un medio importante, que una cartelera de la escuela es otro, que el
salón comunal tiene una pared donde se pegan anuncios, que en la droguería hay
un parlante donde se pasan los mensajes, etc. Esos serán nuestros medios
comunitarios.
Además
de los líderes naturales. Aquellas personas que la comunidad identifica como
fiables y a quienes les cree. Puede ser el tendero, el cura, una señora, el
maestro de la escuela. Estas personas son voceras
naturales de la comunidad, cuentan con su respeto y aprecio y es a ellas a
quienes debemos comunicar –en primera instancia- todo acerca de la labor a
realizar.
Puede
ser una charla inicial con los líderes naturales, con explicaciones amplias y
con respuesta a todas sus inquietudes, cerciorándonos de que comprendieron lo
que hemos dicho. Así comenzaremos a moderar expectativas comunitarias con un
medio antiguo y eficiente: el voz a voz.
Por
supuesto, mi actitud al hablar con los líderes, la manera como expongo ante
ellos, como me entrego y escucho, como digo y aprendo, como reconozco y
respeto, como interactúo, y mi genuino interés por la comunidad, también les
dirán acerca del proyecto. La lectura que hagan de nosotros, como funcionarios,
es su primera lectura sobre lo que pueden esperar o no de nuestra entidad. Y esa primera impresión quedará grabada
fuertemente en el imaginario comunitario. De nosotros depende que sea la mejor.
Creando
medios y lenguajes
Ya
estamos de frente con la comunidad y al inicio del proyecto. Necesitamos
transmitir, comunicar, que todos se enteren acerca del mismo y que lo hagan de
manera real, sin aumentar o disminuir los beneficios y los riesgos.
Es
entonces cuando debo pensar en las instituciones comunitarias como vehículos de
comunicación y de congregación en torno a los intereses estatales o
particulares de mi entidad.
La alcaldía municipal: se puede
realizar una charla informal con los concejales, responder a sus inquietudes
con honestidad, limitando los alcances reales del proyecto y haciéndolos parte
Casa de la Cultura de Vistahermosa (Meta)
del mismo como veedores ciudadanos. Importante: dejarles una hojita resumen,
con lenguaje sencillo. No olvidar las cifras ¡les encantan!
El
alcalde debe ser nuestro socio y validador principal, la primera persona a
quien le expliquemos los alcances de lo que se va a realizar y cómo la
comunidad puede participar y beneficiarse. Y, por supuesto, el beneficio que la
autoridad local recibe como cogestor de dicho emprendimiento.
La casa de la cultura: podemos pedir
permiso para utilizar la cartelera común y dejar volantes del proyecto para que
sean entregados a los asistentes de su programación cultural.
También
podemos ofrecer un taller para la elaboración de un mural comunitario, donde
los asistentes aprendan algunas técnicas básicas de color, utilización de
materiales e ideas sobre cómo realizarlos y comunicar a través de ellos.
Si
el proyecto y su presupuesto lo permiten, un taller sobre producción
fotográfica para jóvenes donde al final donemos un equipo fotográfico a la casa
de la cultura y se conforme un comité de fotografía juvenil, es una actividad
comunicativa interesante.
La escuela: definir, con el rector y
docentes, si es posible realizar talleres de comunicaciones con los alumnos.
Podemos proponer y realizar talleres sobre como hacer programas de radio escolar
en los recreos utilizando parlantes, como elaborar un boletín escolar o una
cartelera noticiosa. Es muy importante vincular a los jóvenes, que sientan que
se les tiene en cuenta y que además aprendan a utilizar algunas herramientas
comunicativas.
Sugiero
un taller inicial, para romper el hielo, donde la participación de los
estudiantes sea voluntaria (con cupo limitado) y en el cual se trabajen sus
expectativas y sueños personales, que serán insumo para construir el mapa
social de la comunidad.
Es muy
importante vincular a los jóvenes en la veeduría ciudadana de lo que se realice
en su comunidad, que sean parte fundamental y que los adultos los escuchen y
respeten.
La iglesia: o iglesias, de las
comunidades que existan. Recordemos el papel fundamental de la iglesia católica
en la educación de las comunidades rurales y alejadas de nuestro país. En muchas de ellas, aún hoy, el
cura es la persona con mayor credibilidad y respeto, quien intercede en favor
de los ciudadanos. Su papel, para que la comunidad comprenda la labor a
realizar, será fundamental.
En
los comités que se creen, deben existir representantes de las iglesias.
En
todos los ejemplos, el papel de la comunidad es fundamental. Es ella quien se
capacita, quien escucha, quien pregunta, quien divulga y comunica. Porque
solamente cuando un grupo humano se interesa, se compromete y comprende el
alcance de algo, es cuando realmente se decide a participar.
La comunidad: debemos explorar y
reconocer otros medios comunitarios como, por ejemplo, altavoces o parlantes
donde se anuncian mensajes de interés. Saber quienes los manejan y como podemos
servirnos de ellos a través de la comunidad, creando un grupo juvenil que
realice y difunda los mensajes, por ejemplo.
El
restaurante, la tienda, todos los negocios y asociaciones productivas cuentas
con medios para comunicarse. Nuestra misión es detectarlos y pedirles que
sumen, no sólo a la difusión del proyecto, sino como miembros activos del
mismo.
Y
sin participación y compromiso de la comunidad, cualquier obra, proyecto o
actividad carecerá de validez. Será, en poco tiempo, un elefante blanco.
Activemos la participación ciudadana y los medios disponibles. ¡Qué
hable la gente!
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