viernes, 22 de noviembre de 2013

COMUNICACIÓN CIUDADANA VI:

DERECHO A LA COMUNICACIÓN, CAMINO HACIA LOS DEMÁS DERECHOS


Estudiantes de Mesetas (Meta)

Cuando trabajamos con las comunidades (grupos vulnerables, estudiantes, docentes, asociaciones, veredas, dirigentes locales, etc.) y lo queremos hacer desde la comunicación, muchas veces hablamos de la misma como “herramienta” para su desarrollo personal y social.

Sin embargo la comunicación es mucho más que eso. Poder comunicar es aprender muchos lenguajes, es convertirse en políglota social y utilizar lenguajes como el verbal, el visual, el escrito, el gráfico, el auditivo, entre otros.

Con los proyectos y actividades de comunicación que llevamos a los ciudadanos, les ofrecemos la posibilidad real de hacer uso de su derecho a la comunicación como una vía efectiva para el logro de sus demás derechos.

Por eso la comunicación ciudadana forma parte de los Derechos Fundamentales de los seres humanos y nuestro compromiso es defender esos derechos y, sobre todo, hacer y posibilitar con nuestras acciones el acceso de toda la población a su conocimiento, uso y disfrute.

RECONCILIACIÓN Y MEDIOS

Una comunidad vulnerada en sus Derechos Fundamentales, bien sea por desconocimiento del Estado o por la presencia de grupos armados al margen de la ley, necesita con urgencia ser reparada, reconstruida en sus valores fundamentales y reconciliada con ellos mismos, con su sociedad y con la vida.

La comunicación juega un papel estratégico en esta misión. Veamos ejemplos:

Participantes de taller sobre valores en Carmen de Bolívar.

1. La representación: No es fácil deshacernos del odio, el resentimiento y el deseo de venganza. Reconciliarnos como comunidad y como nación exige una gran capacidad de resiliencia personal y de compromiso comunitario.
La representación de la realidad, desde la comunicación, a través de seriados radiales, obras de teatro, construcción de guiones, elaboración de textos, etc. nos ofrece una enorme posibilidad de expresar lo inexpresable, de sacudir el ser interno, de superar y sanar las heridas.
Como una catarsis, la representación de la realidad a través de los medios de comunicación, trae de vuelta el dolor del pasado para comprenderlo, perdonarlo y sanarnos.
La radio escolar, la radio comunitaria, los talleres de radio y de teatro, la guionización para radio y teatro, talleres y foros sobre cine con jóvenes, la escritura de experiencias de vida y su lectura ante la comunidad, la redacción de boletines escolares y comunitarios, entre muchas otras actividades comunicativas con las comunidades, contribuyen a su reconciliación, aceptación y reinserción social.

Invitación a un foro al parque.

2. Lo real y lo onírico: Dice el científico colombiano Rodolfo Llinás: "Yo solamente creo que el sistema nervioso lo que hace es soñar de dos modos: de noche, basados en las memorias y las invenciones; y de día, basados en los sentidos. Nosotros somos un estado en sueño modulado por los sentidos. Un estado onírico modulado por los sentidos."
Ese estado del ser, donde lo real y lo soñado se funden, donde la invención, el recuerdo y el deseo conforman el todo que llamamos ser y realidad, merece nuestra atención en las comunidades vulneradas.
No se trata solamente de reparar con dotaciones, obras de infraestructura y proyectos productivos; la reparación fundamental es sobre cada ser humano: sus sueños, realidades, recuerdos, historia, deseos y futuro. El entorno mejorado contribuye, el contar con actividades productivas también, pero la prioridad está en cada persona vulnerada, agredida, violentada o silenciada.
Y es aquí donde la comunicación, nuevamente, adquiere su importancia en los procesos de reparación y reconciliación social.
Contribuir con proyectos y actividades donde la comunidad hable, diga, exprese lo que siente, lo que teme, lo que sueña, lo que desea, lo que los carcome, lo que duele, es ayudar a la catarsis social necesaria para que una comunidad pueda continuar con su destino y desarrollo.
Estas actividades deben impulsarse desde la misma comunidad, que sean sus miembros quienes las propongan y las organicen, quienes se distribuyan tareas y definan las reglas. Nuestra labor, como facilitadores, será la de contribuir a abrirles el camino mostrando ejemplos de actividades y de comunidades similares como: talleres de escritura, jornadas al parque por la vida, actividades de sanación con el fuego, puestas en escena, transmisiones radiales, etc.
Los jóvenes serán los principales aliados para la realización de tareas con las comunidades, a ellos encargaremos la socialización, la convocatoria, el alistamiento y la organización general.
Comenzar a soñar juntos, a dolernos juntos, a sanarnos juntos. Ésa es la apuesta.

Taller escritura de experiencias (Montes de María)

3. Contextualizar: Cada tragedia de cada ser humano es, para quien la vive, la peor de las tragedias. Así somos.
Conocer la historia detrás del abandono, la violencia, la pobreza y la inequidad, tener claras las opciones reales de la comunidad frente al país al que se pertenece y sus gobernantes, determinar el marco en el cual nuestra comunidad se mueve continental y mundialmente, aclarar conceptos sobre qué es el Estado (lo que puede hacer y lo que no), que es el gobierno (sus obligaciones), qué es la comunidad (derechos y deberes) ofrecerá un contexto al problema real de una comunidad.
No vamos a resolver sus problemas ni a disminuir su atraso y mucho menos a saciar sus necesidades; la contextualización sirve para ubicar a cada ser humano en el lugar que le corresponde y a saber cual es el lugar de los otros y por eso mismo la magnitud de su tragedia y las opciones de mejoramiento con las que cuenta.
La contextualización, realizada a través de charlas informales, foros abiertos, talleres escolares o encuentros ciudadanos, ofrecerá un panorama más real a las comunidades, no solamente acerca de lo que pueden pedir, sino sobretodo de lo que ellos mismos pueden lograr como sociedad.
El primer paso para levantarse es reconocer que se ha caído, que no es la peor caída del universo y que existen opciones para seguir adelante, para creer y luchar por una mejor calidad de vida.
Dentro de un programa, estatal o privado, de contribución a una comunidad, es necesario modular las expectativas comunitarias y llevarlas al campo de las opciones reales.
Y más necesario aún es que la comunidad sea consciente de su dolor, que lo explore y lo supere, para que su contribución al propio desarrollo sea consensuada, acatada y ejecutada por todos.

Vacunación contra la violencia en Vistahermosa.

4. Imaginar, graficar, visualizar: Para que nunca más suceda lo sucedido, para que se tome conciencia del dolor causado, de las víctimas y de su reconciliación, la comunicación nos ofrece interesantes actividades para desarrollar.
Por ejemplo: los Muros de la Memoria, elaborados por la comunidad con un comité de la misma que seleccione temas, frases, fotos o gráficos que irán en el muro; los concursos gráficos con niños, jóvenes y adultos donde expresen su dolor y ofrezcan salidas; los cortos audiovisuales trabajados en comunidades escolares a través de talleres audiovisuales o de cine y luego proyectados a la comunidad, etc.
Hacer memoria, desde lo gráfico, impedirá el olvido a la vez que ofrecerá alternativas a la comunidad para reconciliarse con el pasado y poder continuar con sus vidas como ciudadanos fortalecidos por el dolor común y alimentados con la esperanza de todos.

Columpio en Caño Amarillo (Meta)

5. Escucharse y ser escuchado: Este último punto puede ser el primero para comenzar un trabajo comunicativo en una comunidad vulnerada. Hablar de lo que no se habla, de lo que nadie dice, de lo que temen, de lo que todos saben pero ninguno nombra, de lo que callan.
Y hacerlo primero cada uno consigo mismo, ofreciéndose explicaciones y razones para hacerlo luego ante los otros y poder compartir los mismo temores e iguales tristezas con sus vecinos posibilita la reconstrucción de su tejido social.
El miedo separa. La comunicación verbal vuelve a tejer lazos entre unos y otros, reanuda viejas amistades partidas por las invisibles leyes de silencio en las comunidades violentadas.
Nuevamente, serán los niños y los jóvenes nuestros grandes impulsores en las comunidades de este tipo de actividades, ellos con su entusiasmo y libre expresión contribuirán a que los adultos comiencen a hablar, a escucharse unos a otros, a comunicarse. Y a saldar viejos rencores.
Una jornada de Vacunación contra la Violencia, por ejemplo, es un buen pretexto para reunir a la comunidad y entre todos escribir y leer el decálogo del vacunado y establecer qué es lo que los violenta y cuales deben ser las normas de convivencia para quienes se vacunen.

Y poco a poco, con el impulso de la misma comunidad, obtener políglotas sociales donde antes solamente imperó el silencio y la ley del más fuerte.

Finalmente, nuestra papel es de facilitadores. Jamás podremos opinar o influenciar a las comunidades en las decisiones que deben tomar acerca de hacer tal o cual actividad. Frente a las preguntas de si esto es mejor que lo otro, una buena alternativa es responder con otra pregunta como ¿Usted qué opina? ¿Cuál es su favorita?.

¡POLÍGLOTAS SOCIALES PARA QUE LA COMUNICACIÓN SEA UN DERECHO QUE CONTRIBUYA AL LOGRO DE SUS DEMÁS DERECHOS!


REVISTA SEMANA PREMIÓ A LA COMUNIDAD DE CAMARÒN COMO EL MEJOR TRABAJO INNOVADOR RADIAL.

Esta es una noticia que nos honra. La comunidad de Camarón, en los Montes de María, forma parte de la Política Nacional de Consolidación y Reconstrucción Territorial-PNCRT del gobierno colombiano con la ayuda de la cooperación internacional en cabeza del operador CHF. En el año de 2010, recibieron capacitación y equipos radiales a través de un convenio entre el estado, la cooperación y Comunicarte - Ediciones Paulinas como facilitadores de esta tarea.

El premio de la revista Semana es un aplauso a los logros de los camaroneros por sacar a delante su emisora comunitaria y realizar producciones radiales de calidad en beneficio de todos. Y muy especialente a doña Angelina, educadora y alma de esta comunidad, su programa radial El Helicóptero, fue el premiado.

La siguiente es una crónica que escribí en el año 2011, en una visita a esa comunidad para observar los frutos de la capacitación recibida:

Camarón es una vereda de Carmen de Bolívar a la que solamente se accede por vía fluvial, luego de navegar 20 minutos por el embalse del Playón, un espejo de agua rodeado de montañas y esteros.
A pesar de estar junto a la represa del Playón, ni Carmen de Bolívar y menos Camarón cuentan con agua potable ni acueducto. El poblado tampoco tiene energía eléctrica y sus 180 habitantes viven en medio del agua que no pueden tomar.
Esta comunidad se unió con los habitantes de Palma de Vino y Mesitas para realizar la capacitación radial y posibilitar que los equipos sean utilizados para el servicio de las tres comunidades.

LA VÍA: A Camarón se llega luego de ir a San Onofre y tomar una vía destapada hasta El Playón, donde ya no es posible transitar y se debe caminar hasta el embarcadero que, aunque tiene vía, se encuentra inservible.
Una lancha donada por Colombia Responde (Programa de la PNCRT) transporta a los habitantes de Camarón diariamente, de manera especial a los alumnos de bachillerato quienes todos los días deben caminar entre charcales hasta el embarcadero (todos tienen botas pantaneras) para tomar su transporte. Este camino de ingreso, entre el embarcadero y la comunidad de Camarón, es casi inaccesible por estar en medio del barro, la humedad y la maleza. Mientras lo recorríamos pensamos en los niños camaroneros que todos los días deben hacerlo para asistir al colegio.

LA COMUNIDAD: Cuando llegamos nos recibieron con sonrisas y besos en la mejilla, para todos la estrategia Colombia Responde es su amiga, así lo demuestran los pendones que tienen instalados en el salón comunal y el gran cariño que sienten por “la señorita Tilsia” la enlace local del programa.
Toda la actividad de la comunidad tiene una coordinadora: Angelina, educadora y habitante de Camarón, gestora comunitaria y líder natural. Ella representó, para todos los asistentes, la manera como la comunidad se comunicaba hasta hoy, cuando los equipos de radio difusión harán que se comuniquen mejor.
Como no hay energía, se encendió una planta que será la encargada de ofrecer energía a los equipos durante dos horas en la mañana y cuatro en la tarde, que es lo que la comunidad tiene presupuestado según el combustible que pueden comprar para mantener viva su radio.
Angelina, mientras contaba sus historias al micrófono, a la vez dirigía un sancocho de pavo en la cocina para ofrecerle a “las personalidades” ya que en esta visita nos acompañaron personas de Usaid, el Plan Nacional de Consolidación Territorial-PNCT y el jefe de misión de CHF quienes llegaron en helicóptero al lugar.
“Antes los helicópteros me daban miedo, pero hoy no, hoy ha llegado un helicóptero de paz hasta Camarón y me hace feliz” dijo Angelina.

LA CAPACITACIÓN RADIAL:  18 personas de la comunidad recibieron su diploma en radio, dos de ellos serán los encargados del manejo técnico de los equipos y los demás contribuirán con la parte periodística e informativa. Esperan poder socializar las charlas con los técnicos y pasar informaciones de las reuniones para que todos puedan conocer lo que sucede. Así nació Camarón Stereo, un sistema de radio difusión comunitaria en medio de la nada.
Para proteger sus equipos y contar con un sitio de emisión, la comunidad construyó un lugar, a un lado de la caseta comunal, con adobe y madera.
Los niños de Camarón, al igual que los de El Hobo, juegan todo el tiempo en el parque infantil; es difícil imaginar qué hacían antes del parque.

 AMP.



viernes, 25 de octubre de 2013

COMUNICACION CIUDADANA (V)

MEDIOS Y CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA

Centro de Bogotá al atardecer


¿Nacemos o nos hacemos ciudadanos por voluntad propia?
Este dilema, que pareciera de Perogrullo, comporta la gran diferencia que existe entre la ley, lo normativo, y la realidad, lo cotidiano.

Todos los nacidos en un territorio se consideran nacionales del mismo y lo certifican con registro de nacimiento y cédula de ciudadanía. Cuentan con derechos y deberes, que muchas veces desconocen, y pierden su nacionalidad en casos eventuales o por decisión personal.

Al ser ciudadano de un territorio se adquiere una cultura marcada por una lengua  y tradiciones comunes, una constitución nacional que debe ser acatada y que a su vez tiene el deber de defender a los ciudadanos.

Eso, en la ley. Y su cumplimento o no, está regido también por normas.

En la vida cotidiana no todo sucede como dice la ley. Alguna vez una niña de un municipio llanero me dijo: “yo no soy ciudadana porque vivo en una vereda y no en una ciudad” y esa era su percepción sobre la ciudadanía.

Para  muchos, el ser ciudadano solamente cuenta cuando se tiene una cédula y se puede votar en elecciones. Esa percepción de ciudadano-elector ha sido dada por la política y sus gamonales de turno.

¿Qué es ser ciudadano?



Lo primero: el bien común prima sobre el bien personal. No se trata de una máxima religiosa sino del principio de la convivencia en cualquier sociedad.

Y allí entran en juego los llamados “bienes comunes” o sea los valores de una sociedad ( empresa, colegio, barrio, vereda, pueblo, municipio, etc.), además de la infraestructura comunitaria (parques, amoblamiento urbano, vías, centros de salud y deportivos, escuelas, casas de la cultura, bibliotecas, monumentos, etc.) que constituyen las bases sobre las cuales se edifica la sociedad humana.

Sobre los primeros, los valores, existen aquellos dados en los derechos fundamentales y que se construyen entre todos como la solidaridad, el respeto, la seguridad, la equidad, la convivencia pacífica, que hacen posible que un determinado grupo humano pueda coexistir en un mismo territorio de manera armónica.

Cuando se analizan las causas de la violencia encontramos como primer factor la denominada violencia intrafamiliar y como segundo factor la intolerancia entre vecinos. Estos dos problemas generan más muertes, riñas y violencia que los grupos ilegales, las guerras o los accidentes automovilísticos.

El no aceptar al otro, el irrespetar con mi actitud a los demás, el desconocer los derechos de los vecinos, el contrariar las leyes de la convivencia ciudadana, son problemas cotidianos en todos los municipios y centros poblados.

Un primer paso, para el desarrollo de la ciudadanía y su cultura de la convivencia, consiste en realizar acuerdos entre vecinos, estudiantes, empleados, copropietarios y habitantes en general para que la vida comunitaria sea posible, agradable y pacífica. Talleres sobre valores y responsabilidades, manuales de convivencia y reglas aceptadas por todos son el comienzo de una vida ciudadana.

En este primer punto los medios comunitarios cuentan con un extenso campo de trabajo a través de programas educativos en emisoras comunitarias, foros de vecinos, obras de teatro con mensajes de convivencia, periódicos de barrios y comunas donde se explique a fondo y se sienten las bases de la cultura ciudadana.

Un ciudadano activo defiende los valores de su comunidad, respeta los derechos de los demás, evita las riñas con los otros y propicia un espacio de armonía cotidiana en su entorno.

Los bienes comunes


El segundo punto, lo constituyen los bienes comunes que un grupo humano tiene para el disfrute de todos, que son de todos y por lo tanto merecen el respeto y el cuidado por parte de cada uno.

En los años 70’s buena parte de la actitud revolucionaria marcada por una izquierda marxista-leninista que consideraba los bienes comunes como del Estado y por eso mismo propiciaba su destrucción como un símbolo de la destrucción del Estado, nos legó una reprochable tradición  de acabar con vías, parques, estamentos educativos, torres de energía, acueductos y todo lo que pareciera “el Estado” como medio efectivo para la protesta social.

Esta actitud retrasó décadas nuestra cultura ciudadana, sumergiéndola en el odio hacia los bienes comunes, que no son del Estado sino de los ciudadanos y, de paso, en el odio hacia las instituciones y quienes las representan.

Fue así como acabamos con excelentes bienes comunes, por ejemplo las residencias estudiantiles de las principales universidades públicas colombianas, las cuales ofrecían albergue a los estudiantes de escasos recursos y de centros poblados alejados, que podían contar con una habitación en la ciudad para realizar sus estudios superiores. Terminamos con una política de igualdad de oportunidades donde el campus universitario era asequible a jóvenes de veredas y pequeños centros poblados.

No es fácil cambiar una cultura de destrucción de bienes públicos por una que los respete, cuide, mantenga y disfrute.

Aquí hay otra oportunidad para los medios de comunicación comunitarios, desde la radio y el periódico escolar, con la realización de campañas educativas, concursos y hasta acciones de conservación de bienes públicos en beneficio de todos.

Por ejemplo: cuidar de las estatuas, evitar que sean pintarrajeadas, mutiladas, ensuciadas y ubicar nuevamente la placa conmemorativa de cada una para que los ciudadanos hagamos conciencia sobre lo que representan en nuestra historia cada una de ellas.

O acciones simples como las jornadas de limpieza en parques, escuelas y sitios públicos, pintar las fachadas de las casas, donar un libro a la biblioteca, etc.

Todas estas actividades, unidas a un espíritu de convivencia pacífica y de disfrute de los bienes públicos están esperando por los comunicadores que desde sus medios estimulen y entusiasmen a los ciudadanos en torno a ellas.

Así, cuando la niña llanera vuelva a decirme que no es ciudadana, podré contestarle con toda certeza que si lo es, porque hace parte de un territorio, una cultura, una lengua, valores y bienes comunes que todos aprecian, cuidan y comparten.



lunes, 14 de octubre de 2013

AL INTEROR DE LA COCINA COLOMBIANA

Pollo campesino moqueado (ahumado) con tucupí amazónico.


El Panóptico es el nuevo restaurante que funciona dentro del Museo Nacional, en Bogotá. Su nombre deriva de la significación de esa palabra, que es dada a las construcciones donde se puede observar el interior de la edificación desde un solo punto.

En este caso, El Panóptico ofrece un panorama al interior de la cocina colombiana, donde los platos tradicionales que conocemos como ajiaco, bandeja paisa o sancocho son desplazados por los también muy colombianos e ignorados platillos de regiones como Guapi, Tumaco, Amazonas o Montería.

La sorpresa con este restaurante es tremenda. Al leer su carta encontramos delicias como pusandao de carne ahumada en leche de coco, pollo campesino ahumado con tucupí amazónico, currulao, ensalada de arroz con tomates primitivos o de quinua de colores, por ejemplo.

El Panóptico cuenta con una chef guapireña, Lina Banguera, quien no aceptó ser entrevistada. Su propietario, Javier Rodríguez, nos comenta que hace solamente cuatro semanas que comenzaron con esta nueva propuesta de gastronomía nacional.

El servicio es muy bueno, la presentación digna del mejor restaurante y el sabor de cada platillo es una verdadera fiesta para los sentidos, veamos algunos:

CURRULAO


Tomando el nombre del baile típico del pacífico colombiano, elaboran un guisado de camarón con achiote, leche de coco y hierbas del pacífico, acompañado de una ensalada fresca deliciosa donde se destaca el encurtido de cubios.

POLLO CAMPESINO MOQUEADO

Desde el amazonas, el tucupí (extracto de yuca brava) llena de sabor el pollo, junto con las cebollas largas y una sorpresa: un pequeño tamalito que al abrirlo desata un exquisito aroma ahumado, es plátano ahumado y cocido en sus hojas.
El moqueado (ahumado) se siente en todo el plato, con la adición de contar con un cuero de pollo crocante y la compañía de una deliciosa ensalada verde.

Al final, cuando el mundo es  mejor gracias a tantos sabores, el valor de la comida te devuelve la calma con precios justos y muy asequibles. Para comprobarlo, ofrezco a continuación los precios de las entradas:

Tumaco (bolitas de plátano maduro rellenas de carne de jaiba guisada en leche de coco con mezcla de especies dulces y picantes: $11.000
Chonto: calamar pota con costra crocante de harina de maíz, acompañado de chutney de tomate chonto, jengibre, canela y meta con suero costeño: $10.000

Sopa Samai o mute de maní $8.000
Porción de pusandao: $8.000

Los platos fuertes tienen precios entre $17.000 y $22.000.

Cuando visiten el Museo Nacional que a propósito está remodelado y con una exhibición muy agradable de su colección permanente, no olviden pasar a almorzar en El Panóptico.

¡No se arrepentirán!