sábado, 19 de julio de 2014

COMUNICACIÓN CIUDADANA VIII

COMUNICACIÓN Y CONVIVENCIA


Comunidad de Caño Amarillo en Vistahermosa, Meta, leyendo su periódico con noticias de su interés.
Desde el 2011, Colombia cuenta con una Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana que es urgente comunicar a todos los ciudadanos y a las comunidades para que su efecto se vea reflejado en la vida cotidiana del país.

El desafío de esta Política comprende varios factores: la existencia de grupos armados ilegales y de narcotráfico, redes delincuenciales y organizaciones criminales, y la precaria presencia del Estado en algunos municipios. Además de factores de riesgo general como la venta y consumo de alcohol y sustancias psicoactivas y el porte de armas legales e ilegales que inciden en la comisión de un delito y ocasionan un desenlace violento.

Eso dice la ley. ¿Y nosotros? Propongo algunas herramientas para que cada ciudadano pueda hacer parte de la solución y mejorar la convivencia y calidad de vida en su respectivo barrio, centro poblado o municipio.


SALIR AL MUNDO, A LA CALLE

Bogotá, 2.600 metros más cerca de las estrellas.

Del apartamento al auto o al transporte para ir a la oficina, al final del día realizar el  mismo recorrido tal vez con una parada en el supermercado o la lavandería. Más o menos dos horas diarias tardamos en ir de un lugar al otro en Bogotá y devolvernos al sitio inicial. En ese trayecto podemos recorrer más de media ciudad sin saberlo, pues mentalmente seguimos dentro de nosotros. ¿Vivimos realmente en esta ciudad?

Igual sucede en los municipios: las distancias son más cortas y el tiempo fuera de casa se reduce a la actividad laboral, compras y pequeñas acciones del diario vivir. Todo dentro de algunas calles conocidas y frecuentadas.

Cada ser humano traza su “cuadrante de exclusión” que va desde las calles y carreras hasta los sitios que visita. Es “su” ciudad. La que conoce. La otra, la de todos, la de nadie.


En la política para la convivencia ciudadana, existen unas valiosas lecciones aprendidas que pueden servirnos para tomar conciencia:

  • ·      Prevenir el crimen es más efectivo y menos costoso que rehabilitar.
  • ·      Prevenir no es incompatible con aplicar la ley sino complementario.
  • ·      El crimen es multicausal pero existen factores determinantes.
  • ·      Las intervenciones deben ser integrales pero la atención focalizada.
  • ·      Mientras más temprana la intervención (prenatal, escolar) mejor.
  • ·      Las intervenciones pertinentes en la familia y en la escuela son fundamentales.
  • ·      El tiempo ideal de intervención varía, pero es mejor si es prolongado.
  • ·      La acción policial es crítica, aunque es más efectiva si se focaliza.
  • ·      Los procedimientos alternativos de sanción deben ser el estándar.
  • ·      La justicia restaurativa debe ser estándar para victimarios jóvenes no violentos.


Eso dice la ley. ¿Y nosotros? Desde la cultura ciudadana y la construcción de capital social plantearé algunas actividades que posibilitan y favorecen la seguridad y la convivencia.
Reunión de JAL en San Juan de Arama, Meta.

Sin embargo, es bueno tener en cuenta que la tendencia tribal es instintiva e inherente a los seres humanos y que cuando nos organizamos en juntas comunales, vecinales o empresariales, tendemos a cerrarnos y a excluir a otros. De ahí la importancia de construir instituciones que interactúen con el grueso de la institucionalidad social, es decir, que no solamente nos abran espacios entre los miembros de ella sino entre las instituciones gubernamentales y privadas del entorno social, político y económico de nuestra comunidad. Es decir, construir lazos y fortalecerlos.

Las “barreras invisibles” en barrios de muchas ciudades cobran vidas de quienes desprevenidamente las cruzan. Alguna vez los vecinos consideraron buena la idea de concentrarse, pero cuando es una barrera que impide el encuentro con los otros ciudadanos comienza a generar nuevas violencias.

El camino hacia la construcción de ciudadanía pasa por el reconocimiento del ciudadano, de las instituciones del Estado, de las civiles y privadas del territorio.  Es con visión territorial que se organiza, construye y modera una sociedad.

EJEMPLO DE ACTIVIDADES

La comunicación vecinal: conocer a los vecinos, estar al tanto de lo que sucede en el lugar donde vivimos y contar al menos con los teléfonos de varios de ellos para emergencias, es una medida comunicativa de seguridad.  Tarea: listado de vecinos y teléfonos de contacto en lugar visible de la vivienda.
Ciclovía bogotana donde las calles, bienes públicos, son para el disfrute de los ciudadanos.

Valla en un barrio bogotano, con celular para contacto.

El cuadrante policivo: saber dónde queda el CAI más cercano a nuestra vivienda o lugar de trabajo y tener sus números telefónicos puede ayudarnos en una emergencia. Tarea: tener el teléfono del CAI en el celular.

Seguridad en redes: no exponer nuestra dirección o ubicación en redes sociales ni dar nuestro número celular a desconocidos es el primer paso. De igual manera, no socializar fotografías que puedan ofrecer datos familiares, de pertenencias o lugares habituales. Tarea: desactivar el GPS del celular para evitar exponer el lugar donde nos encontramos, no ofrecer datos acerca de nuestra ubicación.
Participantes 20 de julio en Puerto Rico, Meta.

Periódico del barrio:  cada localidad bogotana cuenta con un periódico semanal o mensual donde se cuentan temas de interés para sus habitantes. Ubicar el lugar donde podemos reclamarlo, leerlo y saber quiénes lo realizan nos ayuda a resolver inconvenientes y estar al tanto de la vida local. Así mismo, en muchos municipios y veredas circula un periódico del lugar con informaciones de interés para sus habitantes. Tarea: propiciar la generación de periódicos e informativos comunales.

Participar: salir a la ciclo vía del domingo, llevar las mascotas a las jornadas de vacunación, asistir a los festivales del parque del barrio, conocer a los vigilantes de cuadra o del edificio, donar para los menos favorecidos, participar en eventos de la localidad y estar al tanto de lo que sucede nos hace, además de buenos vecinos, visibles y reconocibles para los demás. Tarea: reconocer nuestro territorio, donde habitamos y hacer parte de su vida comunitaria.
Reunión emisoras comunitarias en Granada, Meta.

Información escolar: Los alumnos y profesores deben conocer las estrategias de seguridad ciudadana, practicarlas y estar atentos a movimientos sospechosos en áreas cercanas a las instituciones educativas. El periódico escolar debe contar con información de seguridad en sus ediciones. Tarea: impulsar y propiciar medios de comunicación en las instituciones educativas.

Mediadores de convivencia: es la actividad más difícil de realizar porque depende del reconocimiento que en la comunidad tenga el mediador de la misma. Los maestros, los adultos mayores o los sacerdotes suelen, en muchas ocasiones, tener este papel dentro de las comunidades. Es importante consultarlos y escucharlos cuando se presenten conflictos o actos violentos. Tarea: visibilizar a los mediadores de la comunidad a la que pertenecemos.














viernes, 18 de julio de 2014

LAS REDES DE LA GRAN INDIFERENCIA UNIVERSAL




¿De verdad cree que ha ayudado al mundo, que es mejor ser humano, vecino, padre o amigo porque firma cartas en la web o en change.org, le da “me gusta” a algunas noticias en facebook, retwitea mensajes, envía por whatsapp un comentario o denuncia, sube a instagram fotos o mensajes de problemas sociales o le escribe a muchas entidades desde sus cuentas en redes pidiendo o denunciando esto o aquello?

Y la gran pregunta es: ¿De qué nos sirvió tener tantas herramientas a nuestra disposición si no sabemos siquiera quién es nuestro vecino de apartamento, de asiento en el transporte, en la fila de espera, en la sala del consultorio, en el trabajo o en la caja del supermercado?

Pareciera un cuento kafkiano donde todos cuentan con muchas herramientas de comunicación pero ya no se hablan ni se saludan y ni siquiera se miran entre sí, estamos solos, cada uno absolutamente solo. Cada ser humano comunicado consigo mismo y observando el mundo desde muchas pantallas, en directo, pero sin participar.

Si escuchamos algo sobre problemas de convivencia de inmediato nos imaginamos a quienes habitan en barrios marginados que desconocemos o a las poblaciones vulnerables y víctimas de conflictos, donde los vecinos no se hablan por miedo, donde cada uno se las arregla como puede. Es decir, algo lejano de nosotros y nuestra cotidianidad.

Pero aquí estamos. Todos juntos y distantes. Hablándonos por celulares, el intranet de la oficina, vía skype o chats, conviviendo…

Y sabemos mucho de todo. Pero ese todo no nos toca. Simplemente escribimos o decimos algo a algunos, desde la pantalla, y asunto arreglado. ¡Nos hemos comunicado!

Y cuando los pequeños problemas nos obligan a dejar de lado las herramientas y atender algo en el mundo real, ya no sabemos cómo hacerlo. Hemos olvidado cómo es la convivencia entre los seres humanos, hasta las pequeñas normas de cortesía como saludar, felicitar o despedirnos, no asistimos a reuniones de juntas de acción comunal y ni siquiera nos preocupa lo que pase en la administración del edificio o en la esquina de la cuadra, mucho menos en el parque o en la administración local. Estamos demasiado ocupados para “socializar” o ejercer el derecho ciudadano a la veeduría y al control.

“Que lo hagan los de la junta”, “esas son cosas de los políticos” “que lo arregle control interno” nos decimos para evitar a los otros ciudadanos, los de al lado, con quienes convivimos cada día sin saberlo.

Hemos ayudado al crecimiento de la inseguridad sin saberlo. Al descontrol ciudadano, la indiferencia y la violencia urbana. ¿Cómo así?

La seguridad ciudadana pasa por nosotros en primera instancia, no es posible contar con un policía para cada ciudadano. Si no ejercemos nuestros deberes como miembros de una comunidad, una cuadra, un barrio, una empresa o una ciudad; si le hacemos el quite a las actividades cívicas y comunitarias, a las redes de apoyo, a las reuniones de vecinos y copropietarios, a las de empleados, en fin, a todo lo que nos parezca “interferencia” de otros, no podremos reclamar luego por la inseguridad de nuestro entorno.

Y cuando sucede un hecho que altera nuestra calma, como el robo del celular, del auto o a la salida de una entidad bancaria, solamente se nos ocurre contarlo en las redes sociales e insultar a la policía por no cumplir con su deber.

¿Y nuestro deber? Nos parece que ya es suficiente con ir y venir de nuestras diarias actividades, con entrar o salir de un lugar a otro, que votar y pagar impuestos son los únicos deberes ciudadanos en nuestra pequeña y cómoda red de indiferencia.

Y si algo sale mal, pues allí están nuestras pantallas y redes sociales para postearlo, decirlo o victimizarnos y contar los números de “likes” recibidos ¿cierto? Porque eso de los deberes ciudadanos, de la corresponsabilidad con los otros, de la denuncia o la sanción personal y social no es conmigo…

Más que una política de convivencia y seguridad ciudadana, que ya existe y está en marcha, precisamos de una voluntad ciudadana donde cada persona se haga cargo de sus deberes, se ponga la camiseta de la convivencia y comience a leer el mundo por fuera de sus cómodas herramientas de comunicación, es decir, en el mundo real, ese que sucede mientras nos “comunicamos” en las redes sociales de la gran indiferencia universal.

 AMP.