miércoles, 31 de julio de 2013

COMUNICACIÓN CIUDADANA IV


LA CONSTRUCCIÓN DEL CAPITAL SOCIAL

Niños de Buenavista. ciénaga de Santa Marta.


Actividades como dejar los hijos con una vecina, tener crédito en la tienda del barrio o contar con conocidos que auxilien en emergencias forman parte del capital social que cada comunidad construye. 

El capital social es el más afectado en los territorios donde impera la ilegalidad y la desconfianza general, donde ninguno se fía del vecino, donde la autoridad se viola o la ejercen grupos al margen de la ley, donde el miedo impera y la inseguridad ronda.

¿Cómo es posible, desde la comunicación ciudadana, contribuir al desarrollo del capital social en una comunidad afectada por la inseguridad, la violencia y la ilegalidad?

Los medios comunitarios ejercen una gran influencia en el pensamiento y en las acciones ciudadanas, marcan un derrotero a seguir y contribuyen a generar opinión pública. Desde la emisora escolar hasta los medios masivos, se forma o deforma la cultura y la identidad comunitaria.

  1. ORGULLO E IDENTIDAD
Jóvenes de La Julia, municipio de La Macarena, Meta.


Los seres humanos necesitamos sentirnos orgullosos del entorno que habitamos, de las costumbres que nos distinguen, de las tareas y labores que realizamos.

Si las actividades de una comunidad, de carácter ilegal, carecen de una sanción social y de voces que denuncien su ilegalidad e inconveniencia o que propongan alternativas, es difícil para cada habitante determinar hasta qué punto es “bueno o malo” tal o cual actividad si personalmente siente que de ella deriva el sustento, la educación y formación de sus hijos.

Solemos pensar que si lo que se hace es en nombre de la sobrevivencia o en favor de los hijos o de los padres, no es malo. Y si vivimos en una sociedad que no nos señala ni nos sanciona por hacerlo, sentimos que –después de todo- las cosas están bien y que seguramente la “culpa” de lo que hacemos reside en el Estado, en el país o en algo fuera de nosotros. Con este pensamiento se generaron las bandas sicariales de ciudades como Medellín, donde era común escuchar frases como “lo hago para darle casa a la viejita”. Y esas malas acciones no fueron sancionadas porque su motivo era aparentemente bueno.

Y en su momento, ningún medio comunitario reveló o sancionó su carácter ilegal. Tampoco lo hicieron los habitantes y vecinos de los sicarios quienes pensaron que fueron las circunstancias, la pobreza o la falta de mejores condiciones lo que llevaron a muchos jóvenes a convertirse en sicarios, por amor a su mamá. Y por ese amor, disfrazado de orgullo familiar y de querer “ser alguien” se generaron atrocidades.

El falso orgullo, ése que dicen tener quienes desde la ilegalidad justifican las acciones y actividades ilícitas como su única salida para “ser alguien” o “para sacar adelante a la familia” generó una sociedad con valores trastocados, con economías perversas y con carencia de capital social.

El orgullo como una cualidad del que tiene dinero, fue el primer valor desintegrado de muchos pueblos y barrios de ciudades colombianas. La desconfianza se generalizó como una medida de seguridad personal, porque si estoy realizando actividades ilegales no me puedo fiar de nadie, ninguno es amigo. La inseguridad se paseó por muchas calles donde a las seis de la tarde era mejor estar con la puerta bien cerrada. Y la incomunicación se convirtió en el mejor aliado para seguir con vida.

Esta manera de vivir, tanto en territorios permeados por el narcotráfico como por actores armados, cultivos ilícitos y grupos al margen de la ley, generó la llamada “cultura de la violencia” opuesta a la cultura de la legalidad, la identidad y los valores comunitarios.

El supuesto orgullo regional basado en actividades ilegales fue bien recibido porque vino acompañado de dinero. Sin embargo, la violencia que desató hizo pensar a muchos colombianos que “algo” no estaba bien, que en esta nueva sociedad ilegal las cosas no eran mejores, así hubiese dinero.

Y es aquí donde la comunicación ciudadana juega su contribución en ayudar a encontrar los valores comunitarios perdidos, en aplaudir las acciones cívicas y sancionar las ilegales, en reencontrar la identidad municipal y desarrollar nuevas actividades que generen orgullo en sus habitantes.

No es fácil reconstruir una cultura, reencontrar la identidad perdida, volver a creer en el Estado y a confiar en los vecinos. Y en esa gran tarea los medios comunitarios pueden acompañar a través de actividades lúdicas, concursos sobre valores municipales, oferta cultural y artística, etc.

Acciones tan simples como, por ejemplo, convocar a los vecinos para arreglar el parque, para elegir el plato típico del municipio, para escribir la historia de su barrio, para escoger el mejor cantante, para premiar al mejor agricultor de la zona, contribuyen a restablecer el capital social porque hacen posible que los vecinos se reúnan de nuevo en torno a actividades de mutuo beneficio, se conozcan y se respeten.

Estas acciones, acompañadas de las casas de la cultura, los colegios, las iglesias, la biblioteca y las asociaciones cívicas municipales son fundamentales para ese “volver a creer” de todos en todos.

Y para que el orgullo y la identidad recuperen su valor real en la comunidad.


  1. PREVENCIÓN Y CULTURA
Comunidad de los palafitos en la ciénaga de Santa Marta.


En los municipios afectados por la violencia y la ilegalidad, los más jóvenes son los llamados a contribuir en el restablecimiento comunitario. Ellos heredarán la tierra, se sentirán identificados con su territorio y formarán su cultura y valores.

No así los mayores, muchos de ellos colonos recientes llegados por el atractivo y la paga de cultivos y actividades ilegales, sin  apego y sin historia en los territorios.

De ahí la importancia de involucrar a los niños y jóvenes en actividades culturales, recreativas, de identidad y de cultura ciudadana a través de medios como la cartelera, el periódico o la emisora escolar. Que sean ellos los protagonistas de su propia historia, que contribuyan a esa cultura e identidad regional que será la suya.

Actividades como la vacunación contra la violencia en los colegios resulta muy atractiva para los menores. Ellos mismos pueden elaborar el decálogo del vacunado con sus propias ideas sobre la convivencia pacífica y realizar la toma de la vacuna entre sus compañeros. Esta actividad genera una gran reflexión en torno a qué consideramos violencia y cómo podemos actuar sin ser violentos. Desde la radio escolar y las carteleras se anima al estudiantado para que opine y con el porte de todos se construye luego el decálogo que se socializa y reparte en la actividad.

Desde la radio escolar y comunitaria se pueden realizar producciones “no aburridas” sobre temas como violencia intrafamiliar, sexualidad, prevención del reclutamiento o seguridad ciudadana. Los seriados y las radionovelas constituyen una excelente herramienta para este propósito, con guiones y producción de los jóvenes, donde sus reflexiones e historias serán escuchadas y seguidas luego por los mayores. Una pequeña inversión en capacitación para elaboración de guiones y producción radial con herramientas caseras como grabadoras, equipos de sonido o celulares, resulta muy atractiva para los jóvenes quienes se comprometen y entusiasman generando resultados sorprendentes y empoderándolos en su comunidad como agentes de cambio.

En las manos más jóvenes está el presente de las comunidades que desean cambiar su destino hacia una cultura de la legalidad, la convivencia, la seguridad y la identidad regional. Los proyectos, públicos o privados, dirigidos a comunidades vulnerables, deben volcar sus prioridades y objetivos en ellos, confiar en sus capacidades y en su voluntad de generar opciones de desarrollo en sus comunidades. Y en su gran capital social.

Las acciones de comunicación ciudadana son de bajo costo y alto impacto. Apoyemos el entusiasmo y la creatividad juvenil para contribuir al cambio cultural y a la generación de capital social.










lunes, 22 de julio de 2013

REPORTAJE GRÁFICO: AREPA'E HUEVO

AREPA'E HUEVO PARA DUMMIES


A la orilla de la carretera, sector norte de Cartagena y vía al mar hacia Barranquilla, junto a la entrada del hotel Las Américas, se encuentra el puesto de venta de arepa'e huevo de Maryfrito.

Hay que llegar a la hora justa porque ella solamente produce el equivalente a un panal de huevos diario (30) entre las 8 a.m. y las 9:30 a.m. Sus comensales lo saben y se amontonan para observar la elaboración de uno de los manjares costeños: la arepa'e huevo.

Nacida en la población de Luruaco, cerca a Barranquilla, esta arepa atrapa el gusto de propios y extraños por ser crocante, delgada y con la medida justa para servirse como desayuno junto a una humeante taza de café.
Maryfrito nos permitió realizar este reportaje gráfico acerca de su elaboración y nos ofreció las claves para que podamos realizarlas en casa.

La masa

"Me levanto a las cuatro de la mañana a cocinar el maíz amarillo y luego a molerlo muy finamente, lo aliño con sal, poquito de aceite y algo de comino y pimienta" nos cuenta Maryfrito (ése es su nombre profesional, se niega decirnos el de pila)
Esta masa cocida y muy amasada es la base de las arepas. Si queda muy gruesa o con grumos entonces las arenas no se inflarán en el aceite y no podremos agregar luego el huevo.
En algunos municipios se elaboran con carne molida adicional, pero Maryfirto se apega a la receta ancestral y solamente utiliza huevos.


El segundo paso es el de moldear la arepa, ella lo hace amasando y utilizando una base de icopor sobre la masa y retirando luego el exceso.

"Puede hacerse con una taza volteada, por ejemplo, pero es mejor tener el molde ya listo y además la masa no se pega en el icopor" nos dice.

El grosor de esta masa moldeada no sobrepasa un centímetro y eso es muy importante, si resulta más gruesa no será tan crocante y si es muy delgada impedirá que la rellenemos.



Aceite hirviendo
Es importante tener en cuenta que el punto de ebullición en la costa es diferente que en el altiplano. Aquí es más fuerte y por eso seguramente las frituras son más crocantes.

Maryfrito nos aconseja utilizar una freidora a más de 500 grados centígrados (aunque ella jamás ha tomado la temperatura del aceite, eso es algo que sabe desde siempre) para lograrlo debemos encenderla desde el comienzo de la elaboración e ir probando el punto con pequeños trozos de masa, cuando alguno de ellos se hunde y flota de inmediato, el aceite está listo para recibirlas.

El relleno

Una vez que las arepas moldeadas se encuentran en el aceite caliente, no se dejan más de medio minuto, se sacan del mismo y se les adiciona el huevo.

"El secreto es colocar el huevo en un vaso de pico delgadito y añadir una cucharadita de agua con sal, así le damos sabor. Se hace un corte por el borde de la arepa, no demasiado grande, y se toma en una mano abriéndola con los dedos para dejar caer con la otra el huevo en su interior" cuenta Maryfrito.

Esta operación, en apariencia tan sencilla, precisa de toda nuestra concentración para lograr que el huevo ingrese completo y de inmediato cerremos el boquete apretando los dos lados de la masa y llevándola al aceite.

Dorar y comer


Freirlas puede tomar un minuto para cada una, Maryfrito introduce solamente dos por vez "porque así no se pegan y quedan crocantes, hay que tener paciencia y hacerlo poco a poco" nos recomienda.

Y poco a poco, entre sonrisas e historias, Maryfrito atiende a toda su clientela mañanera.

Nos cuenta que esas aves que merodean junto a su puesto de trabajo y que en ocasiones se suben y le roban algo de masa, se llaman mariamulatas y que llegaron a Cartagena en los barcos de esclavos provenientes del Africa.

Nos dice, además, que los lunes no se trabaja pero que el martes la podemos encontrar de nuevo a las 8 de la mañana.

Turista brasilera degustando las arepas de Maryfrito.





AMP.

viernes, 12 de julio de 2013

COMUNICACIÓN CIUDADANA (3)


MEDIOS Y MODERACIÓN DE EXPECTATIVAS

Reunión de la junta administradora de la emisora comunitaria  Camaxagua Stereo de San Juan de Arama (Meta)

Cuando hablamos de medios comunitarios, estamos diciendo que las comunidades humanas y de manera especial las rurales y/o vulnerables, deben contar con medios de comunicación propios desde los cuales puedan ejercer su derecho fundamental a la comunicación.

Esto significa que nuestras buenas intenciones de colaborar con una comunidad para que obtenga dichos medios, deben pasar por una autocrítica fundamental: no puedo gestionar, crear, crecer o desarrollar medios solamente para que mi entidad (pública o privada) cuente con audiencia en las comunidades, para que el mensaje institucional o estatal llegue a ellas.

Eso sería promocionar o publicitar bienes y servicios dentro de la comunidad.

Los medios comunitarios, los que son de la ciudadanía, lo deben ser en verdad. Por eso es necesario contribuir para que las llamadas “emisoras comunitarias” sean de asociaciones comunitarias, cuenten con juntas directivas incluyentes y su parrilla de programación sea definida por los habitantes, no impuesta por la entidad que colaboró en su gestión o regaló los equipos radiales.

Ahora, si  es así, ¿Cómo hacer que el mensaje institucional o estatal llegue a las comunidades?

Fácil. Serán los habitantes que participen en el medio comunitario quienes hagan su eco, a favor o en contra, con receptividad o críticas. No podemos definir la manera como una comunidad entenderá nuestro mensaje, no podemos “programarlos” para que hablen bien de nuestra entidad. Pero si podemos transmitirles con claridad el mensaje y con hechos sus resultados. Sin manipulaciones.

Tanto las emisoras comunitarias, como los boletines escolares, las carteleras públicas, los volantes, periódicos, altavoces, parlantes y todos los medios de comunicación que la misma comunidad elabora y donde se manifiesta sobre sus intereses, problemas y necesidades, constituyen una valiosa herramienta para moderar las expectativas comunitarias en torno a proyectos, actividades, obras y desarrollos tanto públicos como privados o de organismos internacionales.

Sin pajaritos en el aire

Cuando formamos parte de una iniciativa, proyecto, obra o emprendimiento (público, privado o internacional) que traerá beneficios y desarrollo en una comunidad necesitada, es normal que sintamos la emoción de la actividad que vamos a realizar ya que creemos firmemente en sus nobles objetivos, en la contribución para el mejoramiento de las condiciones de vida y en los buenos resultados que obtendremos.

Este mismo entusiasmo, transmitido a las comunidades en nuestras primeras charlas de socialización de nuestras ideas y proyectos, puede llevarnos a un sobredimensionamiento del proyecto mismo frente a sus participantes y por consiguiente a un resultado nefasto: que se desborden las expectativas de las personas.

Y si permitimos o ignoramos los pajaritos en el aire y los cantos de sirena que hemos propiciado en un conglomerado humano, lo más cierto es que nuestros resultados no van a corresponderse con sus sueños y expectativas. Y, en lugar de obtener el reconocimiento comunitario, lograremos desencadenar su desencanto. Así nuestras intenciones sean buenas y legítimas y nuestros proyectos igual.

¿Qué hacer?

Es aquí donde los medios comunitarios, existentes o no, nos darán la mano para que los habitantes aprendan a esperar menos y a contribuir más.


Todo comunica

Pongamos por caso una comunidad muy alejada de cascos urbanos y centros productivos, donde no hay electricidad, ni existen emisoras de ninguna clase, periódicos o internet.

La primera tarea es de observación y escucha de sus habitantes, determinar cuál es la manera como se comunican y se enteran de las novedades, a través de cuál medio y quién o quienes lo manejan.

Así podremos descubrir, siguiendo el ejemplo, que un volante que el cura reparte en misa es un medio importante, que una cartelera de la escuela es otro, que el salón comunal tiene una pared donde se pegan anuncios, que en la droguería hay un parlante donde se pasan los mensajes, etc. Esos serán nuestros medios comunitarios.

Además de los líderes naturales. Aquellas personas que la comunidad identifica como fiables y a quienes les cree. Puede ser el tendero, el cura, una señora, el maestro de la escuela. Estas personas son voceras naturales de la comunidad, cuentan con su respeto y aprecio y es a ellas a quienes debemos comunicar –en primera instancia- todo acerca de la labor a realizar.

Puede ser una charla inicial con los líderes naturales, con explicaciones amplias y con respuesta a todas sus inquietudes, cerciorándonos de que comprendieron lo que hemos dicho. Así comenzaremos a moderar expectativas comunitarias con un medio antiguo y eficiente: el voz a voz.

Por supuesto, mi actitud al hablar con los líderes, la manera como expongo ante ellos, como me entrego y escucho, como digo y aprendo, como reconozco y respeto, como interactúo, y mi genuino interés por la comunidad, también les dirán acerca del proyecto. La lectura que hagan de nosotros, como funcionarios, es su primera lectura sobre lo que pueden esperar o no de nuestra entidad.  Y esa primera impresión quedará grabada fuertemente en el imaginario comunitario. De nosotros depende que sea la mejor.


Creando medios y lenguajes

Ya estamos de frente con la comunidad y al inicio del proyecto. Necesitamos transmitir, comunicar, que todos se enteren acerca del mismo y que lo hagan de manera real, sin aumentar o disminuir los beneficios y los riesgos.

Es entonces cuando debo pensar en las instituciones comunitarias como vehículos de comunicación y de congregación en torno a los intereses estatales o particulares de mi entidad.

La alcaldía municipal: se puede realizar una charla informal con los concejales, responder a sus inquietudes con honestidad, limitando los alcances reales del proyecto y haciéndolos parte 
Casa de la Cultura de Vistahermosa (Meta)

del mismo como veedores ciudadanos. Importante: dejarles una hojita resumen, con lenguaje sencillo. No olvidar las cifras ¡les encantan!
El alcalde debe ser nuestro socio y validador principal, la primera persona a quien le expliquemos los alcances de lo que se va a realizar y cómo la comunidad puede participar y beneficiarse. Y, por supuesto, el beneficio que la autoridad local recibe como cogestor de dicho emprendimiento.

La casa de la cultura: podemos pedir permiso para utilizar la cartelera común y dejar volantes del proyecto para que sean entregados a los asistentes de su programación cultural.
También podemos ofrecer un taller para la elaboración de un mural comunitario, donde los asistentes aprendan algunas técnicas básicas de color, utilización de materiales e ideas sobre cómo realizarlos y comunicar a través de ellos.
Si el proyecto y su presupuesto lo permiten, un taller sobre producción fotográfica para jóvenes donde al final donemos un equipo fotográfico a la casa de la cultura y se conforme un comité de fotografía juvenil, es una actividad comunicativa interesante.

La escuela: definir, con el rector y docentes, si es posible realizar talleres de comunicaciones con los alumnos. Podemos proponer y realizar talleres sobre como hacer programas de radio escolar en los recreos utilizando parlantes, como elaborar un boletín escolar o una cartelera noticiosa. Es muy importante vincular a los jóvenes, que sientan que se les tiene en cuenta y que además aprendan a utilizar algunas herramientas comunicativas.
Sugiero un taller inicial, para romper el hielo, donde la participación de los estudiantes sea voluntaria (con cupo limitado) y en el cual se trabajen sus expectativas y sueños personales, que serán insumo para construir el mapa social de la comunidad.
Es muy importante vincular a los jóvenes en la veeduría ciudadana de lo que se realice en su comunidad, que sean parte fundamental y que los adultos los escuchen y respeten.

La iglesia: o iglesias, de las comunidades que existan. Recordemos el papel fundamental de la iglesia católica en la educación de las comunidades rurales y alejadas de  nuestro país. En muchas de ellas, aún hoy, el cura es la persona con mayor credibilidad y respeto, quien intercede en favor de los ciudadanos. Su papel, para que la comunidad comprenda la labor a realizar, será fundamental.
En los comités que se creen, deben existir representantes de las iglesias.

En todos los ejemplos, el papel de la comunidad es fundamental. Es ella quien se capacita, quien escucha, quien pregunta, quien divulga y comunica. Porque solamente cuando un grupo humano se interesa, se compromete y comprende el alcance de algo, es cuando realmente se decide a participar.

La comunidad: debemos explorar y reconocer otros medios comunitarios como, por ejemplo, altavoces o parlantes donde se anuncian mensajes de interés. Saber quienes los manejan y como podemos servirnos de ellos a través de la comunidad, creando un grupo juvenil que realice y difunda los mensajes, por ejemplo.
El restaurante, la tienda, todos los negocios y asociaciones productivas cuentas con medios para comunicarse. Nuestra misión es detectarlos y pedirles que sumen, no sólo a la difusión del proyecto, sino como miembros activos del mismo.

Y sin participación y compromiso de la comunidad, cualquier obra, proyecto o actividad carecerá de validez. Será, en poco tiempo, un  elefante blanco.

Activemos la participación ciudadana y los medios disponibles. ¡Qué hable la gente!

 AMP.

viernes, 5 de julio de 2013

Menú en 45 minutos


DÍAS CON LAS AMIGAS

La mesa para recibir a las amigas, con recetas fáciles y deliciosas.

Este menú habla de reunión, de amistades, de compartir la mesa y disfrutar de una buena charla y un buen vino, como debe ser.
Como las amigas siguen una dieta rigurosa, especialmente después de los cuarenta, este menú es ideal para una comida entre mujeres pues contiene semillas, verduras, postre y ¡no engorda!. Obviamente, está inspirado en la dieta mediterránea.
Acompañar la elaboración con una copa de vino blanco, puede ser un chardonay, mas música salsa caleña.

ACELGAS AMIGAS
(Tiempo de preparación: 20 minutos)

ELEMENTOS:
·      Una libra de arroz cocinado (que no cocido, el arroz debe quedar al dente) con aceite de olivas y puerros bien picados en noble cantidad. Un truco: sofreír los puerros y la sal, agregar el arroz y voltearlo para sellarlo y mantener su consistencia, luego el agua (taza y media de agua por taza de arroz)
·      Seis hojas de acelgas bien grandes.
·      250 gramos de almendras picadas en trozos medianos.
·      Dos zanahorias rayadas.
·      Dos tallos de apio rayados.
·      150 gramos de suero costeño (Puede reemplazarlo con crema agria)
·      100 gramos de queso mozarella rayado.

ELABORACIÓN
Cocinar en agua y sal las hojas de acelga durante tres a cinco minutos. (ni muy tiesas ni muy suaves).
Engrasar con aceite de olivas un molde.
Revolver el arroz cocido con el apio, la zanahoria y las almendras.
Rellenar cada hoja de acelga envolviendo y cuidando que no se salga por los lados el relleno, colocarlas en el molde.
Finalmente, agregar el suero costeño y el queso mozarella rayado, llevar al horno a 300 grados por quince minutos y servir con la siguiente ensalada.



ENSALADA MAR DE LEVA
(Tiempo de preparación: 10 minutos).

Cuando hay mar de leva, la presión de las olas sobre el continente es tan fuerte, que pueden conseguirse moluscos en la playa y sobre las avenidas aledañas (como en Cartagena). Obviamente, este mar de leva estará instalado en su cocina, veamos:

ELEMENTOS:
·      500 gramos de camarones precocidos, pelados y desvenados.
·      Tres ajos machacados.
·      50 gramos de aceite de olivas.
·      Cuatro tomates rojos pelados y picados en cuadritos.
·      Una lechuga batavia partida en trozos grandes (con la mano).
·      Media taza de albahaca finamente picada. (la que es de hojas, no las que tienen flores).
·      Una taza de queso mozarella picado en cuadritos.

ELABORACIÓN:
En una sartén sofreír los ajos con el aceite de olivas, agregar los camarones y sal al gusto. Dejar poco tiempo para que no queden “cauchudos”, solamente rosados.
En la ensaladera colocar las lechugas y en el centro los tomates, la albahaca, el queso y los camarones, revolver estos ingredientes y servir.
Acompañar el menú con el siguiente postre.




ESPONJADO DE LULO Y FRESAS
(Tiempo de preparación: 15 minutos)

El lulo es irremplazable, su sabor único. Si no existe la posibilidad de conseguirlo, pueden probar con maracuyá, pero no es lo mismo.

ELEMENTOS:

·      Cuatro lulos.
·      12 fresas grandes.
·      500 gramos de crema de leche (puede ser descremada).
·      500 gramos de miel de abejas.
·      Tres huevos.
·      Un sobre de gelatina sin sabor.

ELABORACIÓN:

Licuar los lulos pelados con medio vaso de agua, colar y reservar este jugo.
Batir las claras de los huevos a punto de nieve. Reservar.
Cortar las fresas en tajaditas finas y reservar.
Deshacer el sobre de gelatina sin sabor en medio vaso de agua. Reservar.
Ingresar a la licuadora: las yemas de huevo, la miel, la crema de leche, el jugo de los lulos y la gelatina sin sabor. Licuar durante medio minuto. Verter en el molde y agregar las fresas partidas y las claras a punto de nieve. Revolver suavemente y llevar a la nevera.

En total, nos tomará 45 minutos elaborar esta deliciosa cena para seis amigas. ¡Manos a la obra!