jueves, 27 de junio de 2013

COMUNICACION CIUDADANA (1)


LOS PRIMEROS PASOS

                                       Participantes de Vista Hermosa (Meta) en Taller sobre Valores comunitarios.

Partimos de la necesidad de comunicarnos con los ciudadanos, no importa si deseamos hacerlo desde una entidad estatal, privada, multinacional, comunitaria, ONG o corporativa; la necesidad es la misma: llegar a la gente.

¿Y quién es la gente? La comunidad X a la que deseamos llegar, ¿Qué piensa? ¿Qué sueña? ¿Qué necesita? ¿Qué respeta?

Para averiguarlo, comencemos por utilizar la tríada de la cultura ciudadana: ley, moral y cultura.

La moral la constituyen los valores personales y las experiencias de cada uno que forman el imaginario individual  con sus creencias, prevenciones y prejuicios. Todo ser humano parte de su visión personal.

La cultura es una construcción, se la define como lengua, territorio y prácticas comunes de una colectividad. La cultura está conformada por las visiones personales y grupales aceptadas por todos, por las costumbres de una comunidad, sus prácticas, sus creencias, celebraciones, prevenciones y prejuicios.

La ley es el ordenamiento jurídico de una comunidad a partir del Estado o de quien ejerza su función (en territorios donde el Estado no llega, algunos grupos hacen sus veces de manera ilegal) y tiene como deber impartir justicia a partir de esos principios aceptados por todos.

Si los valores de cada ciudadano se encuentran en línea con los de su comunidad y a su vez estos se hayan dentro de las normas legales, obtendremos  la ciudadanía ideal, a la cual pretendemos llegar con nuestros medios y mensajes comunicativos.

Sin embargo, no sucede así en la mayoría de comunidades nuestras,  afectadas por procesos de injusticia, terrorismo, violencia, ausencia de Estado y de educación, de bienes básicos, de compromiso ciudadano y de estabilidad social.

Lo primero: la gente

Antes de contarle al mundo los beneficios y cualidades del producto o el proyecto X, debemos conocer los valores que conforman el imaginario de esa comunidad, tanto los que actualmente la rigen como los deseados, hacia donde quiere llegar.

Es ingenuo, por decir los menos, suponer que con una encuesta de “le gustaría que hiciéramos una escuela, una carretera, que le regaláramos tal cosa, etc….” vamos a respondernos. No. Cualquier ser humano responderá afirmativamente a preguntas como esas.

Hay un ejemplo: en una comunidad se preguntó si estaban interesados en tener tierra y vivienda propia. Por supuesto, todos dijeron que sí.  La encuesta no preguntó si estaban dispuestos a pagar impuestos, predial, servicios públicos, inversión en productividad para la tierra, trabajadores, seguros, etc.

Si se hubiese preguntado, la mayoría podría haber contestado que no.

¿Por qué? Porque los seres humanos hablamos con el deseo, nos proponemos tener derechos pero no deberes ni responsabilidades.

Así las cosas, debemos comenzar a trabajar con la comunidad acerca de sus valores, de sus motivaciones, de sus deseos versus sus necesidades, compromisos y deberes.

Y para lograrlo, es necesario que escuchemos a la gente, ¡que hable la gente!.


Nuestra primera actividad de comunicación ciudadana debe ser participativa, no representativa; no siempre los líderes representan los sueños y deseos de la comunidad. Es imperativo llegar a la gente (incluidas las autoridades locales, docentes y empresarios), reunirnos con ella, escucharlos, establecer los valores que tienen o desean tener, los compromisos que pueden asumir como grupo, las necesidades, sueños e ilusiones que pueden animarlos y qué tan dispuestos se encuentran para contribuir en su construcción.


Estudiantes de Puerto Rico (Meta) durante jornada de vacunación contra la violencia.

Este primer lazo con los habitantes de una comunidad y sus compromisos comunitarios, de cada uno frente a los demás, nos ayudará a reconstruir el tejido social, a establecer los límites de la intervención que realicemos, el alcance de las tareas que se asumirán y a reconocer los liderazgos.

Así se trate de, por ejemplo, llevar un nuevo producto a una comunidad, realizar una obra de infraestructura o canalizar recursos hacia proyectos productivos, el primer paso es contar con los valores comunitarios, con su aceptación ante los demás, su compromiso como comunidad y su deseo de contribuir.

Lo segundo: el reconocimiento

Si en el primer paso obtuvimos claridad respecto a los habitantes y a la comunidad, a sus valores, necesidades, deseos, expectativas y compromiso, en el segundo paso debemos hacer claridad desde dónde vamos a contribuir con ellos.

Así se trate de una empresa privada, ONG o multinacional, el Estado y sus normas rigen para todo el territorio nacional y deben ser comprendidas y acatadas por todos. No solamente las entidades estatales deben tener en cuenta que la ley, es decir, el conjunto de normas jurídicas, se cumpla dentro de la comunidad, sino que todos los habitantes de un territorio debemos hacerlo.

Reconocer el Estado en el cual se vive es un paso crucial para la generación de cultura, valores e identidad comunitaria.

No es posible, así algunas ONG y entidades del estado lo hagan, llegar a comunidades por fuera del estado y pasar de largo o hacerse el de la vista gorda frente a una cultura de la ilegalidad, argumentando que son necesitados y que debemos ayudarlos porque en algún momento ellos reconocerán al Estado al que pertenecen.


                                                                   
                                                               Entrega de diplomas a graduados de Radio Comunitaria en San Juan de Arama. 

No, definitivamente. Eso ha sucedido durante decenios en Colombia con  muchas comunidades que se volvieron expertas en ser receptoras de recursos sin reconocer sus propios deberes, sin reconocerse dentro del Estado que las asiste.
                                                                                   
Va mi consejo: ayudar o asistir no es lo mismo que empoderar y generar procesos culturales y de identidad en una comunidad. Como no es lo mismo dar limosna que devolver la dignidad a alguien.

La comunicación ciudadana es una excelente herramienta para contribuir al empoderamiento, la identidad, la participación y la construcción de ciudadanía en cualquier comunidad. Por eso es necesario comenzar por el reconocimiento: ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿A cuál Estado pertenecemos? ¿Cuáles son nuestros derechos y nuestros deberes?

Y lo más importante: a qué está dispuesta esa comunidad a comprometerse de manera sincera y no por el “premio” de una obra de infraestructura, un servicio público, un beneficio personal o un regalo corporativo.

Y ese compromiso comunitario, si lo establecemos a través del diálogo abierto y sincero con todos sus participantes, puede llevarnos al diálogo real que necesitamos, a la comunicación de doble vía, a la reactivación de procesos sociales y de manifestaciones culturales en una comunidad, a su empoderamiento a través de medios de comunicación comunitaria y de herramientas participativas, en fin, al despertar de una comunidad.

Ahora sí, con valores definidos, con comunidad participante, con reactivación de los lazos comunicativos, con entusiasmo y reconocimiento de las capacidades personales y comunitarias, además del Estado al que pertenecen y sus normas, comencemos nuestra labor de comunicación ciudadana.

Hablemos con la comunidad mirándola a los ojos, desde la misma altura, con igual atención e intención, sin presumir, asumir o suponer; simplemente escuchar.

AMP.





lunes, 24 de junio de 2013

Reportaje gráfico

SUEÑOS DE HORTELANO

En la vereda San José, a diez minutos del casco urbano del municipio de Guasca, en Cundinarmarca, Santiago Llano se dio a la tarea de realizar una huerta en 50 metros de terreno, con tres eras y un depósito para elaborar el compost que alimentará a sus plantas.
Luego de preparar el terreno, mover las piedras y realizar cada era, vino la compra de los materiales para la siembra.


En el Centro de Bio-Sistemas de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, ubicado en la vereda de Yerbabuena (por la autopista norte) es posible comprar semillas certificadas y de muy buena calidad.

Aquí se realizó la compra de variedades de lechuga (batavia, lisa, rúgula y crespa morada), calabacines (verde y amarillo), puerros, acelga china, col china, pimentón,cebolla larga, cilantro y perejil, zanahoria y papa.
El centro de la Universidad  cuenta con el personal profesional que realiza las labores de siembra de semillas mediante un proceso mecánico (fotografía arriba), luego son traspasadas a los invernaderos donde crecen y se alimentan con el riego necesario.

Cualquier persona puede ir a este centro y realizar su compra de semillas en las cantidades que necesite, así sean pequeñas. Es ideal para quienes desean tener una huerta en un terreno pequeño y quieren contar con producción de buena calidad.

Una vez que se tienen las semillas, se transportan hasta el terreno y se comienza con la labor de siembra, que consiste en realizar huecos medianos, separados entre ellos unos quince centímetros y depositar en cada uno una matica.


Es importante tener en cuenta el horario de siembra: a la caída del sol, cuando la planta no tiene el estrés del calor y la tierra se encuentra fresca.

Antes de sembrar, Santiago acondicionó riego por goteo para cada era.

Las mangueras y los aspersores se consiguen fácilmente en cualquier almacén agrícola. Este riego asegura la humedad necesaria de la planta para crecer. Debe encenderse al menos dos veces en el día, dejando una media hora de riego cada vez.

Las semillas de papa, por ser un tubérculo que se desplaza dentro de la tierra, fueron sembradas junto a las eras pero fuera de las mismas y así evitar que desplacen a otras plantas con sus raíces.
                                                                                     
"Es muy fácil y hermoso cumplir el sueño de tener alimentos producidos por uno mismo", nos cuenta Santiago, convencido de la utilidad de su esfuerzo con la oportunidad de comer alimentos sanos, regados con agua limpia y abonados con productos orgánicos, totalmente libres de pesticidas.


A la izquierda, las semillas de cilantro listas para ser sembradas, a la derecha observamos a Santiago realizando la siembre de semillas de puerro.


Hacer una huerta propia es fácil y divertido. "En total me tomó unos cuatro días, pues el mayor trabajo es el de preparar la tierra, instalar el riego y hacer el compostaje; los animo a todos para que se decidan a producir sus propias verduras y así alimentarse mejor" nos dice Santiago.

AMP.


















miércoles, 19 de junio de 2013

Hablar y Comer:




DOS TIEMPOS DE UN MISMO MOVIMIENTO.


        
La boca. Órgano sensible y sensitivo con el cual realizamos dos movimientos fundamentales: el primero, ingerir los alimentos; el segundo, convertir en palabras el pensamiento.

Hablar y comer. Pensamiento y nutrición. Somos lo que comemos y lo que hablamos. En fin, somos en virtud de todo aquello que entra y sale por nuestra boca.

Somos también el producto de un verbo que los dioses emitieron.

Comer debe ser algo más que un ejercicio de sobrevivencia. Los alimentos, que son también luz solar desde la tierra, llegan a nosotros para transformarnos, de la misma manera que las palabras salen de nosotros transformadas.

La ortografía es al lenguaje lo que las especias a las viandas. Acentuamos ciertas palabras, ciertos sabores. Su utilización es precisa e incide en el resultado de manera irremediable, sin tachón posible.

La poesía es al lenguaje lo que un buen vino es a la cena: la decantación líquida precisa para bien llevar los alimentos. La poesía es como el vino: bueno o nada.

La boca. Abierta a la vida. Cerrada al misterio. La boca y el deseo, subversiva. Punto de encuentro entre el saber y el sabor. Lugar de alta sabiduría.


Comer es  algo más delicado que calmar el hambre o suplir las deficiencias corporales. Comer es un ritual que comienza en el mismo momento en el que se seleccionan los ingredientes y los amigos o acompañantes cotidianos para oficiarlo.

Aquí el único criterio válido es el placer, entendido como el goce estético, gastronómico y sensorial de quienes nos aventuramos a ejercer el papel de dioses de los alimentos y deseamos ardientemente el éxtasis culinario: ambrosía todos los días en nuestra mesa.

Estas palabras son la provocación inicial para las recetas, historias y relatos sobre gastronomía y saberes culinarios que comenzarán a desfilar por este blog.

Finalicemos con las palabras de Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano: “ Comer un fruto significa hacer entrar en nuestro Ser un hermoso objeto viviente, extraño, nutrido y favorecido como nosotros por la tierra; significa consumar un sacrificio en el cual optamos por nosotros frente a las cosas. Jamás mordí la miga de pan de los cuarteles sin maravillarme de que ese amasijo pesado y grosero pudiera transformarse en sangre, en calor, acaso en valentía. ¡Ah! ¿Por qué mi espíritu, aún en sus mejores días, sólo posee una parte de los poderes asimiladores de un cuerpo?.”





martes, 18 de junio de 2013

COMUNICACIÓN


COMUNICACIÓN CIUDADANA: ¡CAMBIA EL CHIP!

 Utilizar la comunicación como una herramienta creativa, real y de desarrollo en las comunidades - sean éstas empresas, barrios, ciudades, multinacionales, gobiernos o países -  es el propósito que me anima a escribir lo siguiente:
Si eres comunicador social, para el desarrollo, para el logro, institucional, corporativo o simplemente periodista y crees que la mejor manera de comunicar algo es:
A.     Escribiendo un boletín de prensa con las cinco W en el primer párrafo y luego enviarlo a todos los medios y periodistas posibles de tu gran base de datos.
B.     Citar a una rueda de prensa donde el jefe, director, presidente o dueño exprese y diga la noticia.
C.     Llamando a todos los contactos, amigos o no, para rogarles que “por favor” lean, publiquen o transmitan lo que les mandaste..
D.    Repitiendo el comunicado y citando al jefe en todas las redes posibles (facebook, página institucional, blog, youtube, twitter, instagram, bing, etc).

Esta manera de trabajar corresponde a un mundo que se quedó atrás hace muchos años y representa una comunicación vertical donde alguien dice o hace algo y los demás lo replican, sin comunicación efectiva o de doble vía.
Así no puede saberse, por ejemplo, quiénes supieron algo, quienes comprendieron el asunto, a cuantos les interesó, si algunos se identificaron con el mensaje, etc.
La comunicación creativa, real y que funciona como herramienta para el desarrollo tiene un componente esencial: no es vertical sino horizontal. No existe un “jefe, empresa, gobierno, director” que habla en los medios sino que existe una comunidad que habla, dice, confronta y propone.

¿Cómo así?

Los nuevos medios al alcance de todos, donde cada ciudadano es un reportero con cámara, filmadora y grabadora desde un celular, que luego puede subir a las comunidades virtuales “su noticia” constituyen la primera alerta que debemos tener en cuenta.
No somos los únicos.
La comunicación es propiedad de todos los seres humanos, de sus grupos, comunidades, agrupaciones, tendencias, gustos, partidos, poblaciones, religiones, en fin, cualquiera es periodista. Lo repito: cualquiera es periodista.
Al menos de ese tipo de periodistas que envían boletines, suben textos, fotos, audios y videos a los medios virtuales y hablan bien o mal de lo que desean.
Inclusive, también pueden pedir favores a otros para que den “me gusta” a sus reportes en redes sociales o retwiteen.
Estamos a mano con cualquier persona más o menos informada y con algo de tecnología a la mano.
La comunicación ciudadana, como es un bien común, se constituye en una herramienta primordial para el ejercicio del derecho a la comunicación, consagrado en los Derechos Fundamentales de todos los ciudadanos.

Siendo de todos, el derecho a su libre ejercicio es parte de lo que constituye nuestra responsabilidad como comunicadores: el libre acceso a los medios de comunicación como herramienta de empoderamiento y participación de las comunidades.

Desde y hacia la comunidad

Eso significa que, además de propiciar la posibilidad de que todos puedan comunicarse y sean escuchados, la comunicación ciudadana propicia que sean los ciudadanos quienes comuniquen a los otros ciudadanos. A esto lo llamaremos comunicación desde y hacia la comunidad.

Entonces ya no será el  gerente, jefe, director, presidente o comisionado quien nos ofrezca la información sino que, a través del testimonio de quienes son usuarios, afectados, contribuyentes, beneficiados, consumidores o habitantes, obtendremos la noticia.

Así, por ejemplo, no tendremos que ofrecer miles de adjetivos acerca de un producto, un proyecto o un programa en un comunicado de prensa, sino que citaremos el testimonio de un usuario, beneficiario o participante que nos cuente, desde su experiencia personal, acerca del mismo.

No es fácil. Lograr que alguien del común hable “maravillas” del objeto de nuestro interés es un camino complicado. Y cuando es falso o le hemos ofrecido un libreto previo, la trampa se nota y el efecto es desastroso.

Pero esa es la apuesta hacia una comunicación-herramienta más sincera y real, más conectada con quienes son nuestros públicos objetivo y lo mejor: mas creíble.

La credibilidad es el premio que se obtiene al permitir que la comunidad se empodere desde la comunicación y los medios públicos, que participe, que diga y lidere, así no todo sea de nuestro agrado.

La recomendación es: abrir los medios de comunicación virtuales, las redes sociales, los institucionales, los foros en línea y los canales que poseemos para que el ciudadano del común se exprese y realice ese fee-back tan necesario entre ellos y nuestro mensaje.

Y, por favor, nuca más esas tediosas ruedas de prensa, esos grises boletines con envío a dos páginas de contactos y esas declaraciones del gran jefe en audio y video por todas las redes.
Inviten a un usuario, beneficiario o participante para que sea él quien diga, hable, muestre, demuestre las bondades, genere las dudas y exponga acerca de lo que nuestra entidad desea comunicar.

La mejor publicidad, la mejor manera de decir lo bueno que somos o lo genial que es la entidad para la cual trabajamos, es en las palabras de sus directamente afectados: usuarios, beneficiaros o participantes.

Es a ellos a quienes debemos entrevistar y citar (no al jefe) es a ellos a quienes debemos pedir que se expresen (no al jefe) y serán ellos quienes comuniquen lo que somos (no el jefe)

¡Que hable la gente!


Por Ana Milena Puerta.