LÚDICA PARA LA PAZ
| Cine al parque en La Macarena (Meta) como actividad de catarsis comunitaria. |
La
comunicación juega un papel preponderante en la construcción de escenarios de
postconflicto para la paz que soñamos.
Más
allá de lo que se pacte en La Habana, de lo que discuta en el Congreso y de lo
que se haga en las alcaldías regionales, es necesario contar con herramientas
comunicativas y lúdicas para comenzar la tarea de reconstrucción y conciliación
de los colombianos, consigo mismos y con los demás.
Se
habla de una “Cátedra para la Paz” y se dice que sería parte del pensum
escolar. Sin entrar a polemizar o cuestionar a quienes así desean contribuir
con el proceso, propongo que no sea una cátedra sino una lúdica para la paz que se trabaje de abajo hacia arriba y de manera
incluyente en los más de 300 municipios colombianos donde sobreviven las
víctimas y los victimarios del conflicto armado, el narcotráfico, las bacrim y
la violencia en general.
El
primer paso, como ampliamente se ha explicado en otras entradas de este blog de
Comunicación Ciudadana, es que hable la gente:
1. Catarsis
Los
ejercicios de catarsis colectiva pueden asumirse desde la organización de
conversatorios en casas de la cultura, en salas de juntas de acción comunal o
bien en foros más amplios como los
consejos comunitarios.
Para
que una actividad de catarsis cumpla con sus objetivos y no se salga de las
manos de sus organizadores, es necesario tener muy presente el objetivo de la
misma: escuchar y ser escuchados, de manera respetuosa y con el tiempo
suficiente para que cada uno de los participantes exponga, diga, reclame o
señale, con la dirección de quien haga las veces de moderador y que sea una
persona que cuente con el respeto de los asistentes.
Reconciliación
Colombia inició desde hace algunos meses una serie de foros regionales donde
víctimas y victimarios contaron su historia, expusieron su dolor pero también
su capacidad de resiliencia, su lucha y sus logros por sobrevivir a pesar de
las heridas y los destrozos de la violencia (www.reconciliacioncolombia.org)
siendo estas actividades ampliamente participativas y con buenos resultados.
| Asamblea comunitaria en Uribe (Meta) con participación. |
De
manera similar, debe organizarse en cada municipio, vereda o centro poblado
donde la comunidad se encuentre en situación vulnerable y con pocas salidas
frente a la violencia. Y hacerlo de manera incluyente, en el entendido de que
por “comunidad” hablamos del gobierno local, las instituciones, las
asociaciones, las iglesias, los grupos comunitarios, las empresas publicas y
privadas, los negocios, los estudiantes y docentes, los trabajadores, las amas
de casa, los niños y adolescentes, en fin, que sea convocante para todos. Y el
primer paso es contar con un comité para
la actividad en cada comunidad, donde los diferentes grupos se encuentren
representados y en donde se aprueben las actividades a realizarse, el modo de
hacerlas y el nivel de compromiso de cada uno con la misma.
Como
no es fácil sentarse y comenzar a decir delante de todos lo que nos duele, lo
que nos hiere, es preciso contar con elementos lúdicos que faciliten el proceso
como, por ejemplo, el ejercicio inicial de escribir en papelitos lo que “nos
hace felices” de estar vivos, de seguir en esa comunidad, de creer en la vida.
Si
cada participante escribe un máximo de tres papelitos acerca de lo que lo hace
feliz y luego se comparte en grupos de cinco y después se realiza una plenaria
donde entre todos se identifiquen elementos de felicidad en la comunidad, es
posible lograr la familiaridad y el clima de camaradería necesarios para
iniciar el proceso de catarsis.
Y
este proceso consiste en contar al auditorio la pequeña o gran tragedia
personal, o bien como un hecho de orden
público afectó la vida de todos o como la violencia dañó la unidad familiar,
etc. El contar a los demás es un acto de valor que debe ser voluntario,
personal y libre de presiones.
El
moderador tiene un gran reto en todo el proceso: debe ofrecer la palabra,
advertir acerca del tiempo máximo de exposición y sobre todo al inicio es
indispensable que ofrezca las pautas para que las historias que serán
escuchadas no agredan a ninguno de los oyentes o inciten a la violencia, sino
que sean contadas como parte de la verdad colectiva y con el propósito de que
no se vuelvan a repetir.
Al
final, puede utilizarse de nuevo la
lúdica para, por ejemplo, escribir en papelitos el título de cada historia
escuchada y dejarlos en un recipiente al que se echará azúcar y fuego, como
símbolos de purificación comunitaria.
Existen
muchas maneras diferentes, más divertidas y efectivas de hacerlo, inclusive en
las comunidades habrá ideas ingeniosas y creativas para realizar su catarsis y
por eso es bueno consultar SIEMPRE con
las comunidades el proceso a seguir y que sea de su gusto para obtener el
entusiasmo colectivo y el compromiso en la actividad.
La
audiencia debe ser incluyente, que en ella se perciban las autoridades locales,
los diferentes grupos, asociaciones y entidades que influyen en la vida
comunitaria. Pues la catarsis es colectiva, de una colectividad que desea pasar
la página de dolor y violencia para comenzar su camino hacia la reconciliación.
¿Y
cómo hacer estas catarsis colectivas? Con el apoyo del estado y de las empresas
privadas, por supuesto.
Por
eso propongo que los recursos a utilizarse en una cátedra para la paz, de hecho
costosa por la nómina exagerada de docentes sin garantía de ser expertos en
dicha cátedra, sean invertidos directamente
en las comunidades, trabajados con ellos y sus instituciones (escuelas,
casas de la cultura, centros comunitarios, juntas, etc.) con el acompañamiento
de comunicadores ciudadanos que ejerzan como facilitadores de los deseos y
requerimientos de las comunidades en su proceso de catarsis.
Así
nos aseguramos, entre otras cosas, que dichos recursos no irán al bolsillo de docentes
no calificados con aulas aburridas y poco motivadas y con alumnos que cumplen
la cátedra como una obligación escolar más y no como parte de su proceso de
resiliencia y reconciliación.
2. Memoria, conciliación y perdón
![]() |
| Niños de La Macarena en labores de cultura ciudadana. |
De
manera similar, una vez cumplido el primer paso de la catarsis y el
reconocimiento público de la tragedia, será interesante trabajar en el logro de
principios básicos para la vida en comunidad en el denominado postconflicto,
donde víctimas y victimarios puedan seguir existiendo en la misma comunidad sin
sufrir señalamientos, exclusiones o nueva violencia.
¿Cómo
lograrlo? Como en el paso anterior, el proceso es comunitario, con todos. Y puede
tener diferentes expresiones lúdicas, artísticas o comunicativas, veamos
algunas:
Muros de la memoria: en muchos lugares
se han trabajado estos muros como parte del proceso de postconflicto.
Regularmente se cuenta con u, comité de habitantes que selecciona una pared
(puede ser en una escuela o casa dela cultura) la pinta, lo administra y define
qué fechas y sucesos, dolorosos o felices, marcaron la vida del lugar y deben
ir en el muro. Además se encarga de su mantenimiento y actualización.
Conciliación: aparte de los procesos
jurídicos y judiciales que se llevan a cabo en muchos municipios dentro del
programa de víctimas y restitución de tierras, existen otras circunstancias cotidianas
que merecen un tratamiento de conciliación.
Problemas
entre vecinos, falta de confianza entre unos y otros, matoneo en los colegios,
violencia intrafamiliar, etc. Estos problemas cotidianos entorpecen el curso
normal de la convivencia y pueden ser tratados mediante la conciliación
comunitaria con un grupo de personas que se comprometan a: escuchar a las
partes sin tomar partido, sugerir alternativas, fomentar la solución en favor
del bienestar comunitario y ser garantes de compromisos entre unos y otros.
Para
que un comité de conciliación funcione, es necesario que quienes lo integren
sean personas que cuenten con el respeto y la confianza de los demás y que sus
opiniones sean escuchadas por todos. Regularmente algunos docentes, curas y
personas adultas mayores cuentan con estas condiciones.
Una
vez seleccionado, la primera actividad de dicho comité será la de poner en
discusión unas normas básicas para la convivencia pacífica en la comunidad, que
sean discutidas, votadas y aprobadas por todos.
Jornadas de perdón: existen
innumerables ejemplos, algunos muy creativos y acertados, acerca de jornadas o
ejercicios de perdón en comunidades.
Desde
realizar una misa en el campo santo donde todos se perdonen y se den la mano en
señal de dolor pero también de aceptación, hasta la de organizar jornadas
nocturnas donde se cante, se escuche música y se expongan compromisos para
perdonarse y ser perdonados masivamente.
Una
alternativa es la de utilizar el cine al
parque como parte del perdón, proyectando películas acerca de procesos
similares en otras comunidades, alternativas vividas por otros y soluciones
encontradas. Al final, en un cine foro participativo encontrar con ellos las
claves para el perdón y la convivencia.
3. Cultura ciudadana
| Asamblea en Vistahermosa (Meta) para rendir cuentas. |
Todos
los puntos anteriores forman parte de la cultura ciudadana. Lo dejé al final
para resaltar que no se trata de una actividad mediática u ocasional sino de
una manera permanente de relacionarnos, aprender y construir entre todos una
realidad más amable.
En
la cultura ciudadana no preocupa el índice de desarrollo sino el de felicidad,
no es importante el número de bienes adquiridos sino la calidad de vida vivida.
Convertirnos
en ciudadanos es un propósito de todos, pero también un logro de algunas
comunidades donde la sanción personal y social frente a la ilegalidad y la
violencia es alta; donde la contribución personal en la armonía cotidiana ya
sea bajando el volumen del radio, no ingiriendo alcohol en exceso o no
provocando riñas es definitiva.
La
cultura ciudadana comienza en casa, se replica socialmente en lugares comunes y
se aplica a través de las instituciones legales. (Ley, moral y cultura)
Reconocer
la autoridad, obedecer las leyes y tener una conducta decente frente a los
demás, no son aprendizajes pasajeros, es necesario insistir con campañas
lúdicas y recreativas, con recordatorios diarios, con ejemplos vivos.
La
comunicación ciudadana ofrece muchas formas de lograr que estas campañas y recordatorios
diarios lleguen a todos: a través de las carteleras de las escuelas, las alcaldías o las casas de la cultura; que
sean dichas, aceptadas y aplicadas públicamente por los líderes comunales y las
autoridades locales; que los padres de familia cuenten con la sanción adecuada
para enseñar antes que castigar, en fin, son muchas, muy ingeniosas y muy
baratas las maneras en las que podemos lograr que la cultura ciudadana forme
parte de la vida de todos.
Y
que sea el índice de bienestar comunitario el que nos preocupe.
| La radio escolar y comunitaria es un gran agente de cambio. En la foto: docentes de radio del Meta, programa Onda Macarena. |


De acuerdo, Ana Milena: sostengo que sólo cuando hay fundamentos en la educación y la comunicación se pueden llevar a cabo procesos ciertos de participación y acción ciudadanas para la transformación del país. La experiencia de la "Gente Entintada" en el Pacífico mostró que cualquier tema puede ser introducido en la agenda de una población cuando a la gente se le ofrecen herramientas y estímulos para que diseñen, produzcan y pongan en circulación sus propias versiones sobre algunas realidades (políticas, culturales, ambientales, sociales, económicas, etc.). Una política de comunicación debería sustentarse justamente en la formación de la ciudadanía para que elabore sus discursos a partir de la producción de historias, reflexiones, testimonios, interrogantes, sobre los aspectos que han vivido no sólo recientemente sino en los procesos de conformación de pueblos y comunidades. Entonces emergen la memoria, la crítica sobre intervenciones externas en sus vidas, las historias reales de agresiones y abusos y olvidos, y emerge la idea de que se puede actuar en los pequeños dominios en los que se habita. El poder de las cosas pequeñas, puede decirse, que es en últimas el gran poder de comenzar a cambiar. Necesitamos comunicadores que formen en comunicación a la ciudadanía, no tanto que produzcan para medios, si bien todos son necesarios y si hacen bien su labor contribuyen a que este país pueda ser algún día mejor. Un abrazo.
ResponderEliminarDe acuerdo. El poder de las pequeñas cosas, en el caso de las acciones comunicativas con las comunidades, es enorme! Saludos.
EliminarApreciada Ana Milena:
ResponderEliminarEducar para la paz es una condición necesaria para generar consensos hacia el bien primario de los colombianos.
Esta sencilla metodología que propones, debemos usarla en los territorios donde se refrendará lo que se acuerde en La Habana.
Lúdica para la paz, es un mecanismo sencillo que parte de lo elemental, reconocer lo que hemos hecho mal para aprender a construir entre todos, realidades mucho más amables.
La comunicación es un mecanismo que poco usamos los colombianos, acostumbrados a rivalizar y poco perceptivos a escuchar con atención, las angustias y reclamos de los interlocutores, que han sufrido en carne propia, la ferocidad del conflicto.
Que buena nota y que útil para todos.
Abrazos.
¡Gracias! El poder de la comunicación en una comunidad es muy grande y efectivo cuando se utiliza para sanar, educar, convivir y seguir adelante. Saludos.
EliminarHola Ana MIlena, realmente la comunicacion fortalece y nutre. A traves de tu trabajo y tu compartir eres una lazo de la comunicacion como opcion de vida en las comunidades. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias, ¡saludos!
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