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| Tres horas de salsa, circo y orquesta |
Cali
es una ciudad que definió su identidad desde lo popular, como debe ser. Nuestra
caleñidad pudo ser andina, o del pacífico negro (afrodescendiente, como dicen
los aburridos políticamente correctos) o del gran caldas bambuquero, por
ejemplo. Pero no.
En los años
50’s los caleños adoptaron los ritmos populares cubanos como el son, el danzón
o la guajira y comenzaron a mezclarlos en sus bailes con los porros y cumbias
del país de entonces; pero fue el 28 de diciembre de 1.969 cuando Cali se
estremeció con el Sonido Bestial y el
Fuego en el 23 de Richie Ray y Bobby Cruz en la caseta del
desaparecido Sears y en ese momento –sin saberlo- definimos que lo nuestro
sería la salsa.
Más de tres
generaciones de caleños hemos bailado y adoptado la salsa como una forma de
vivir, de celebrar y de estar en el mundo. La diversidad rítmica de la salsa se
escucha y se baila en todos los barrios, estratos y reuniones de caleños,
ninguno es ajeno a su cadencia.
Por su
cualidad de apropiación cultural y de producción salsera, tanto en música como
en baile, que los caleños realizamos durante años, no es descabellado llegar a pensar
que Cali Pachanguero debe ser alguna
vez el himno de la ciudad. El problema es que sería un himno cantado y bailado,
no muy apropiado en ceremonias.
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| El yerberito llegóoo…. |
Toda esta
riqueza cultural expresada en la salsa caleña se volcó a un espectáculo llamado
DELIRIO, que combina baile, orquesta y circo. El show con el cual se encuentran
celebrando sus diez años de existencia en Bogotá, denominado La Pinta, es el reflejo de la alegría,
las discusiones y la vida en los barrios caleños, donde es más importante
conocer el nombre de un músico de salsa que cualquier otra cosa, dando paso a
las famosas Salsotecas que son refugio de expertos eruditos en el tema.
La
Fundación DELIRIO aterrizó en Bogotá con 90 artistas y 30 personas de
producción que conforman el recurso humano de La Pinta, un montaje estilo cabaret que nos lleva a un recorrido
musical desde Beny Moré, legendarios boleros cubanos, Tito Rodríguez, Camino al
barrio (para recordar a Barrio Ballet,
montaje de salsa-ballet de la gran Gloria Castro), Sonido Bestial, Gitana
con todo y circo, Nelson y sus Estrellas, la gran Celia Cruz y su bolerazo Te Busco, Juan Luis Guerra, Pancho Cristal, Bomba Camará de los dueños del corazón de los caleños y por
supuesto los éxitos del Grupo Niche con su Cali
Ají y Cali Pachanguero.
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| Calii…¡pachangueroo! |
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| ¡Bomba camará! |
Tres horas
inolvidables para ver a los mejores bailarines de salsa, varios de ellos
premiados mundialmente, para sentir a una gran orquesta de diez músicos y para
aplaudir las acrobacias circenses que enmarcan algunos temas. Y bueno, ¡para
bailar!
Y recordar
que Cali, ciudad precursora de la Independencia Nacional, también lo es en la definición
de su identidad cultural y musical.
Como decía
el gran Plumitas, periodista caleño de los años 60’s: caleño que no sepa bailar
y nadar, ¡no es caleño!. Y DELIRIO vuelve a recordarnos a los miles de caleños
que residimos en la capital, de qué es que estamos hechos.




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